La vuelta de los padres de la Hordas primitivas, Trump, Putin…

 La vuelta de los padres de la Hordas primitivas, Trump, Putin…


Apuntes desde el suelo


Dr. Lenin Torres Antonio

En estos tiempos tardo modernos, donde la pulsión y la violencia corren a sus anchas por el

mundo, una pregunta incomoda se desliza, ¿cómo puede hacer un ser humano tanto daño a

otros?

Estos tiempos donde el marco ideológico y semántico que sostenía nuestra vida pública,

donde con especie de rezo, repetíamos sin cesar “que vivimos el mejor de los mundos

posibles”, que construimos organismos supra nacionales para a través del diálogo y usando

la razón resolveríamos los conflictos entre los pueblos, y que el hombre de la luz de la

razón kantiano permanecería por la eternidad feliz iluminándose con esa luz eterna, e

incluso, que nuestra posición en la pirámide evolutiva tendría que ser en la cima, pues

ningún animal gozaba de razón y sabiduría.

Aunque la historia del hombre ha sido la historia de sus guerras internas y externas, y esa

realidad nos escupiera a la cara por más de 2000 años, inocentes nos aferramos a los

barrotes de la efímera razón para mantenernos exclusivos y raudos en demostrar que así es,

que nuestro camino in crescendo ha sido hacia una evolución correcta y exacta.

Pero esa realidad en estos tiempos se colapsó, y nos escupe no tan sólo la cara, nos pone en

peligro de muerte y extinción, y todavía ingenuos vemos las declaraciones de los burócratas

de la ONU, convocando a reuniones entre sordos para parar las irracionales guerras que

perpetran los imperios, guerras que están dejando reguero de muertos, y muchos

lamentablemente niños (el genocidio perpetrado contra los niños palestinos) que sólo

demuestran que la razón hace tiempo dejo de guiar nuestros espíritus y nuestras vidas.

El eterno retorno de la entropía original, que nos puso a repetir nuestra triste historia de

barbaros, donde la pulsión de muerte acompaña a los efímeros hombres.

Y pareciera que esa pregunta sale sobrando. Que ya obtuvo una respuesta, tanto de

Nietzsche como de Freud, y que, pese a que podríamos volver a explicar una y otra vez que

el hombre está preso de su naturaleza pulsional agresiva, salvaje, que el ser humano es

cruel, que goza con hacer sufrir, -homo homini lupus (el hombre es el lobo del hombre-, no

obstante, una y otra vez nos volveríamos a preguntar sorprendidos, ante cualquier hecho

violento que se presenciase: ¿cómo puede hacer un ser humano tanto daño a otro?

Hay, por un lado, la reacción de no reconocernos en el violento, y raudos expresamos

nuestra no familiaridad con él, levantamos los brazos al cielo, y pedimos que eso no vuelva

ocurrir.

Cuando nos dicen que la culpa viene a constituir un dispositivo de domeñamiento, de

administración de las mociones tanto sexuales como agresivas, utilizada por la cultura y la

sociedad, expresamos nuestra convicción de que habrá una relación de interdependencia

entre la culpa y la violencia, así que a más culpa menos violencia.


Y lo que pasa es que hay menos culpa, y por eso se ha incrementado la violencia, así que lo

que falta es hacer que el hombre tenga más culpa, así que hay que incrementar la culpa,

busquemos que el hombre sea más culpable, esa es la solución.

Pero no será que la culpa nunca ha servido para tales fines, y a la mejor hasta puede ser

cómplice de la naturaleza salvaje del hombre, o es tan ingenua que pensó que realmente

podría domesticar al hombre y fracasó. Pues el instinto sale cuando quiere, que no somos

seres engañados, que haya una astucia de la sinrazón, del instinto, y hasta la pulsión enseñó

a reflexionar a la reflexión, enseñó a pensar al pensar.

La teoría analítica nos lleva a la conclusión que no hay restitución de la falta, que no hay

aniquilación de la pulsión, que sólo hay sustituciones y desplazamientos, metáforas y

metonimias, que siempre hay cumplimiento parcial de deseo. Así que la misma culpa es un

cumplimiento de deseo y nada más.

Y en ese mismo orden de ideas Freud explica cómo comenzamos a construir nuestras

sociedades, nuestra cohesión social, nuestra tolerancia mutua, para ello, utiliza un

planteamiento darwiniano acerca de la horda primitiva gobernada por machos poderosos.

Especie de edén. Hay, como escribe Freud, “(...) un padre violento, celoso, que se reserva

todas las hembras para sí y expulsa a los hijos varones cuando crecen”.

Más adelante Continua en su libro Tótem y Tabú, (...) un día los hermanos expulsados se

aliaron, mataron y devoraron al padre, y así pusieron fin a la horda paterna. Unidos osaron

hacer y llevaron a cabo lo que individualmente les habría sido imposible.

Hay un dato: este padre muerto era admirado y a la vez temido. Freud ubica el banquete

totémico como el acto de repetición de ese asesinato primordial, donde se re-escenifican los

elementos contenidos como reacción en el asesinato: odio y amor, introyección (del ideal) y

expulsión (agresividad).

Recordatorio de aquella hazaña memorable y criminal con la cual tuvieron comienzo tantas

cosas: las organizaciones sociales, las limitaciones éticas y la religión.

Se puede percibir que el padre de la horda primitiva siempre estuvo ahí, esperando el

momento para aparecer, para hacerse con el total poder, aun destruyendo todo lo construido

de civilización, y exactamente, es lo que han hecho los padres de las hordas primitivas en

este momento.

Sólo así podemos explicar como de golpe y porrazo se deshacen de los acuerdos e

instituciones, estado de derecho, igualdad, civilidad, etc., que nos costó sangre y

sufrimiento construirlos, y hacernos creer en ello como nuestra única narrativa epistémica

para organizar nuestra vida en sociedad.

Hay fenómenos políticos que parecen imposibles de explicar únicamente mediante

categorías económicas, electorales o institucionales. El ascenso de Donald Trump pertenece


a esa clase de acontecimientos que obligan a mirar más profundamente, allí donde la

política toca las estructuras más arcaicas de la vida psíquica colectiva.

Tal vez por ello conviene comenzar no en Washington ni en Mar-a-Lago, sino en un lugar

mucho más remoto: en el mito antropológico que Sigmund Freud elaboró en Totem y tabú

para explicar el origen de la sociedad humana.

La segunda mitad del siglo XX estuvo marcada por un proceso sistemático de erosión de

las figuras tradicionales de autoridad. La crítica cultural, el individualismo radical y la

desconfianza hacia las instituciones produjeron un fenómeno que el psicoanálisis lacaniano

describe como la “declinación del Nombre-del-Padre”.

Jacques Lacan formuló esta idea con claridad: “El Nombre-del-Padre es lo que estructura el

orden simbólico.”

La función paterna no se refiere simplemente a la figura biológica del padre, sino al

principio simbólico que organiza la ley, la autoridad y el límite dentro de una sociedad.

Cuando esa función se debilita, el orden simbólico pierde estabilidad.

La modernidad tardía celebró durante décadas la emancipación respecto de todas las figuras

de autoridad. Se proclamó el triunfo del individuo autónomo, la liberación de las jerarquías

tradicionales, la disolución de las estructuras rígidas del pasado.

Ahora no se dignan a justificar racionalmente sus actos de barbarie, y se presentan cómo si

fueran los representantes de la razón y la verdad, aunque de sus bocas salgan estupideces y

falacias, quién le otorgó a Trump la autoridad para decidir quién debe gobernar los países

que a atacado con armas letales, quién le atribuyó a Putin que Ucrania es territorio ruso,

quién le dio la autoridad a Zelensky de sacrificar a generaciones de jóvenes ucranianos

muertos en la guerra por su comportamiento fascistoide, qué le diremos a un estudiante de

política o relaciones internacionales, a nuestra hijos e hijas que el derecho no existe, que

tenía razón Michel Foucault, que el hombre vive en una relación de poder, que la razón

sirve para justificar a través de la democracia el poder de un hombre para someter a través

de las armas a quien le representa sus intereses económicos y territoriales, y todavía ver

como esa revuelta de la clase económica que encabeza Trump tiene su copia exacta en los

territorios ocupados ya sea militarmente o virtual-económicamente, ver “mandatarios”

alegrarse de ser invitados a una reunión donde les dice a la cara, América es para los

americanos o sea los EE UU, y América Latina y el Caribe el patio trasero del imperio

norteamericano.

Y, lo más lamentable, el silencio cómplice ante el aplastamiento de la narrativa occidental

que nos sostenía para hablar de civilidad, de los que se dedican a pensar, los intelectuales y

universitarios, buscar en las cenizas pedazos de conceptos de la ilustraciones, sobras que

rumiar y reciclar para continuar diciendo, “que estamos en el mejor de los mundos

posibles”, cómo pueden esos intelectuales de papel, seguir hablando de derechos humanos,

derecho internacional, democracia, igualdad de género, libertad, etc., si todo se ha

demolido, y repensar la ilustración representa construir “la otra salida de la ilustración", si

queremos no seguir haciéndonos los locos , como Ulises al regreso a su querida Ítaca.


Descanse en paz nuestra civilización occidental.

Marzo de 2026.

https://ejemplomx.com/hacernos-los-locos/

Freud, S. (1998), Tótem y Tabú, (1912-13), volumen 13, Obras completas, Amorrortu

Editores, Buenos Aires

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