Los ángeles caídos
Rupturas
y contra rupturas, el símbolo de nuestros tiempos, a toda ruptura por un
agotamiento del modelo social y político, aparece por regla general, una contra
ruptura o contrafuerza que resiste hasta lo imposible, dejando una estela de
ideales muertos, formas descompuestas, modales civilizados congelados,
exclusivos para los rituales al compartir los alimentos, e incluso, el “sí
mismo” se desfigura en rostros compungidos y deformados por frustraciones y
excesiva sed de poder. Llega el caso, que no hay tiempo para elaborar
narrativas como antítesis a la narrativa victoriosa, y se refugian en “la
palabra cosa”, mecanismo psicológico como sustituto de lo simbólico, no hay
inteligencias que elaboren nuevas narrativas, y para ello, deben apelar a
palabras que representen, cuando menos en su reducida representación de “lo
real”, tácitamente, “golpes demoledores” para desacreditar la cadena
de significantes vigentes.
La
política atrapada en la compulsión a la repetición, alejadísima del origen del
concepto que representó “los bienes de la ciudad”, y el acto ético del “buen
gobierno”, se petrifica como instrumento perverso del mantenimiento del
poder. Así vemos, por un lado, el acto político apelando a los ideales griegos
de “la polis”, la educación para la vida en la ciudad, la “cosa
pública”; y por el otro lado, sumida en la esclavitud de la razón a la
voluntad, a los humores, por eso, la “razón pura” es
incompatible con la política y el poder público, pues la política parte de la “razón
pura” como narrativa argumentativa para inmediatamente operar autónomamente
como “razón práctica”.
Este salto cualitativo se puede traducir
como el nacimiento del “poder puro”, que se caracteriza por construir un
andamiaje de auto referenciaciones, que posibiliten su permanencia en el tiempo
a través del entrelazamiento de sujetos necesarios que manejan una misma
narrativa argumentativa ahora dogmas inmanentes del “poder puro”, así vemos
deslizarse la política desde esa “razón pura” en su origen, hacia la “razón
práctica” como subsistencia del proceso que siempre se intenta que sea ad
infinitum, el salto revolucionario que marca toda ruptura de un proceso del
“poder puro” nunca conserva como trasfondo los contenidos de la “razón
pura”, más que como retórica translingüística perdiendo toda coherencia
argumentativa, predomina el “flatus vocis” y se determina desde ahora
para siempre un intento infructuoso de conjuros del lenguaje a manera de
exorcización, sacando “los demonios ocultos” para introducir los “otros
demonios”.
No es fortuito que desde hace más de 2000
años seguimos con los conceptos que nos heredó el mundo griego sobre lo público
y lo privado, y hace 337 años, con la superestructura teórica, como único
sistema filosófico de la naturaleza humana, la ilustración; con ese reducido
número de conceptos, democracia, libertad, derecho, igualdad, tolerancia,
estado, racional-irracional, felicidad, bueno-malo, hemos compuesto nuestra
escena trágica que hoy luce con todo esplendor sus contradicciones, y los mitos
que nos pedía que desconfiáramos Nietzsche, nos hacen vernos patéticos y
extraviados, y neceamos en barajarlos para volver a “creer” en lo humanos y
sentirnos dueños de nuestro destino.
La política, el supuesto instrumento para
organizar la vida en sociedad, se descara y presenta su verdadera dimensión
opresora, pues no es otra cosa que el arte de cómo conservar el poder y
perpetuar al “macho dominante” en la cima de la pirámide del poder, éste puede
ser singular como plural, dictador democrático, clase política dominante, rey
democrático, o sistema ideológico de un único partido. Los exabruptos de la
geopolítica sitúan a Occidente en su rezo oscurantista democrático, y a
Oriente, lo descarna en su dimensión del poder por el poder. Ni la primera ha
sido suficiente para crear un mundo no entrópico, y la segunda, apuesta por la
entropía como catecismo político.
El todo se refleja en sus partes y las
partes reflejan la plenitud de la totalidad, no hay forma de ocultar esa ley,
ni forma de cambiarla por la singularidad universal del caos de las partes
individuales. Desearía que no fuese así, desearía volver a creer en los mitos
constitutivos pero la razón crítica no admite dogmas ni absolutos.
Partir de “lo relativo” como el
punto de sanación desde donde debe brotar toda experiencia humana, cuando menos
resultaría menos traumático nuestro nacimiento a la consciencia de sí y del
otro. Pero no, insistimos en volver por nuestros mismos pasos para recrear eso
que nos unió y nos hizo vernos como hermanos, o cuando menos, “el otro”
importaba en la medida que representaba un refugio a nuestra soledad y a
nuestro solipsismo ontológico.
Somos los seres ontológicamente solos, no
hay manera que “el otro” vea con nuestros propios ojos, cuando menos sin
obligarnos a ver lo que “el otro” ve, ni que existamos a través del “otro”,
cuando menos si nuestros cuerpos dejan la sensación por la ficción de la
completud en la muerte provisional.
He pensado que hubo un momento mítico que
nos dejamos de “tomar de las manos” y no nos dimos cuenta, creíamos que
la sensación de la calidez de la mano del “otro” era eterna, y pensamos
que seguíamos tomados de las manos, sin saber hicimos de la ficción realidades,
y construimos un mundo artificial donde fuéramos diferentes a las lechuzas, los
ciervos y jabalís, construimos leyes alejadas de las de la naturaleza, e
invadir territorios ajenos, y nos convertimos en la especie dominante.
La obra del hombre la creíamos
completada, que ningún guión faltaba para describir “qué somos”, pero también
ocultamos nuestras limitaciones sensoriales, con un telescopio creímos ver más
que el águila y el camarón mantis, y si algo nos faltaba lo suplimos con la
imaginación del cómic o el séptimo arte, y ahora con el mundo digital. Parecía
que todo había estado a nuestros pies, y nos perdimos en el lenguaje, aunque la
red de significantes sea limitada.
La cruzada por los lugares santos a
Occidente le permitió estar pasos delante de las demás civilizaciones, y la
colonización usando sus instrumentos conceptuales y místicos, la evangelización
judeo-cristiana y la ilustración, fueron fundamentales para el dominio del
mundo. Pero escogimos, si es que pudimos hacerlo, a los ascetas como nuestros
guías y líderes.
Hoy cuando todo está de cabeza retumban
las fuerzas de las armas y esas vociferaciones pedantes de nuestras peroratas
ilustradas se oyen como cuchicheos y murmullos lejanos de otros tiempos, también
lejanos, volvemos apelar a nuestros mitos constitutivos, el derecho, la
democracia, la igualdad, parados encima de un montón de muertos, los que la
solución final de occidente causó, como por las guerras mundiales y regionales
de los reacomodos de los nuevos órdenes mundiales.
La discusión sobre el maridaje entre
política y economía que nos negamos a su divorcio, que quizás nunca contrajeron
nupcias, pues el sistema neoliberal fue un falso cura que ofició una boda
ilegal, pasó a segundo plano. Ahora la fuerza bruta (el poder puro) que usó a
la razón para inventar armas que te matan sin que te des cuenta, cómo unos
soldados en la trinchera sin darse cuenta que un dron los observa y manda las
coordenadas para que un obús los impacte sin que se dieran cuenta.
La guerra de Ucrania, el caso surrealista
de la puesta en escena de una obra que la simpleza de su argumento anuncia su
trágico final, todos sabíamos que esos 120000 ucranianos (y mercenarios)
muertos y otros menos rusos pudieron estar vivos entre nosotros, pero el cómico
Zelenski no lo sabía, pese a que los satélites estadounidenses enviaban la
información de la acumulación de tropas rusas en la frontera de Ucrania en
tiempo real, y la amenaza del eslavo Putin era cierta que no permitiría su
entrada a la OTAN, pues significaba tener en la frontera más grande con
occidente, misiles dirigidos a Moscú.
Hace casi de un año de la invasión de
Rusia a Ucrania, y vemos los resultados de la invasión, una Ucrania desbastada,
una Europa sumida en la incertidumbre a expensa de la protección del Tío Sam, y
todavía vemos morir a más seres humanos por la “democracia y la libertad”, a un
Zelenski ordenando a sus tropas como lo hacía Hitler al final de la 2ª Guerra
Mundial, no retroceder y ser mártir de sus ideales y honor. ¡Por mi patria
hablará mi espíritu!
Y los ideales ilustradas han servido para
la explotación, la esclavitud, y para el exterminio, las ordenes de occidente
han sido claras, desgastar al enemigo eslavo ruso, y para ello, tienen que
sacrificar a Ucrania, y se valieron de un fanático nacionalista, que no dudo en
someterse a los órdenes del imperio occidental, Ucrania pone los muertos, sus
ciudades y pueblos, y occidente las armas, no importa la diplomacia, por eso no
duda el imaginario colectivo estadounidense tratar a Zelenski como el héroe
esperado, y producirle Netflix, en plena guerra, un documental al puro estilo
estadounidense, enviando a David Letterman a Kiev a realizar la entrevista a
Zelenski, y preparar en una parte del Metro de Kiev, como un plató con todas
las característica de un programa en vivo, hasta con público, chistes, y
preguntas a modo para que se luzca Zelenski. Y arriba del metro, suenen las
alarmas de posibles bombardeos rusos, necesario escenario para hacer más
creíble e interesante la entrevista a Zelenski, y éste como “pez en el agua”,
se desenvuelve como todo actor que siempre ha sido, justificando el sufrimiento
y los miles de muertos ucranianos por lo viejos y desgastados ideales
ilustrados, la libertad, la democracia y el derecho.
Y no contentos con esa patético y trágico
documental de Netflix de Zelenski, el new héroe occidental viaja
personalmente a los EEUU a pedir más armas y es recibido en el parlamento
estadounidense como un personaje histórico, y no como la marioneta que es de
los intereses del imperio norteamericano, me recuerda cuando recibieron a
Guaidó, el personaje que inventaron para destruir al gobierno chavista de
Maduro de Venezuela, y que al poco tiempo ha pasado al olvido según los
intereses del Imperio, ya veremos a dónde queda Zelenski cuando ya no le sirva
al Imperio Norteamericano.
Cuantas barbaridades hemos hechos los humanos por nuestras ficciones, por separar el nomo de la physis, cuánto sufrimiento nos hemos infligidos por nuestros ideales ilustrados, y continuamos haciéndolo, cuán torpes y débiles somos al pretender estar por encima de la biología, pero las sombras de la caverna ahora son más aterradoras, y la inmensidad que rebasa nuestros sentidos nos hace refugiarnos en nuestros barrotes de las marcas de nuestros cuerpos.
Descanse en paz la civilización
occidental.
Diciembre
de 2022.
Comentarios
Publicar un comentario