La era de la estupidez
Dice Nietzsche, “el hombre prefiere querer la nada,
a no querer”, esta sentencia nietzscheana lapidaria anuncia la condición humana
sostenida por la ficción, derrumba el mito ontológico del ser, y traslada la
verdad hacia la subjetividad.
No es cosa fácil aceptar que la historia del hombre está constituida por sus ficciones, por sus mitos, y por la imposibilidad ontológica de que haya hechos morales. Se traduce la teleología del hombre hacia la era del vacío, puesto que era la ideología el contenido de la narrativa que permitía el contraste y el debate, ahora la pragmática hedonista, la búsqueda del placer más allá del cuerpo determinan el lugar común neurótico.
Si antes la ideología posibilitar la diversidad de
la ficción, la caída de las ideologías definió la dimensionalidad del sentido
impulsada por la pulsión de muerte, y la compulsión a la repetición, viene a
ser el hombre actual una especie de muerto-viviente, que su finalidad es
extasiarse eternamente fuera del pesado lugar común del consumo y la tragedia.
El sentido que se diversifican por las opciones
ideológicas, viene a ser sustituida por la primacía de una gramática simplista
que apunta a un sistema particularmente alienante de la economía, y la
emancipación de la política a una sola tarea de legitimar los procesos de
explotación y plusvalía nominal, la pasión de la vida se convierte en una
geometría de la imposibilidad de alcanzar la completud que ofrece los objetos
prometedores momentáneos de cancelar el ser incompleto que permita la vida
anímica.
Las contradicciones no se suscriben en el doble
rasero de la explotación alienante de la gramática neoliberal capitalista, y la
promesa de que realmente existan hechos ilustrados que permitan la cancelación
de la demanda de ser o el cierre honorífico de una muerte después de una vida
múltiple significada.
La naturaleza humana sigue siendo dócil y con
instinto de rebaño, la libertad es contraria al miedo a la inmensidad desde
sentidos débiles, y la capacidad de imaginación llegó a su culmen, dejando sólo
vestigios de pasadas glorias de omnipotencia de los pensamientos, el límite de
lo real se impuso dejándonos en silencio.
Pero no es cosa fácil vernos en esa debacle e
involución, constantemente nos revelamos a aceptar que nuestra imaginación se
agotó y que las ficciones hechas cosas nos decepcionaron porque sirven a la
pulsión de muerte y no al instinto de sobrevivencia.
Hoy pasamos del olvido de manera instantánea y el
presente nos convence con otra nostalgia romántica ilustrada que nos saca
lágrimas ante las imágenes de nuestra desvalorización, así que las viejas
glorias ideológicas se topan con las técnicas de la guerra que ni siquiera nos
permite ver el rostro del supuesto enemigo, con los satisfactores resumidos en
sustancias inyectables o diminutos aparatos virtuales que nos aíslan
instantáneamente del otro.
La monstruosidad de la comunicación que se
convirtió en un instrumento del poder, que intenta troquelar una aceptación
tácita que las cosas son así, como lo vivimos en occidente, inundándonos de noticias,
imágenes, eslóganes, y sentencias para olvidar lo que ocurrió hace un corto
tiempo, y ponernos a nivel mundial cantar unísonos “paren la invasión”, aun
teniendo sangre fresca en nuestra alma de genocidios perpetrados en honor a la
libertad y la seguridad mundial.
Estamos entre las patas de los caballos, una
pequeña parte eclipsada por la arrogancia y paranoia de Putin, y la gran
mayoría, obligados mediáticamente a aceptar la defensa al derecho y la libertad
de las palabras del inmaculado Biden.
Estamos ante una criatura animal que ha pasado del
esplendor de su escalada evolutiva a la estupidez de la torpeza de un animal
con sentidos débiles y una distorsionante dependencia del otro.
No hay manera de salvar a la especie humana de la
estupidez, quizás sea su parte consustancial, matar por placer, dominado por la
libido, determinado por el principio de placer, frustrado ante el principio de
realidad, y esclavo de su pulsión de muerte.
Ni definir “la era del vacío” puede satisfacer una
forma de determinar el comportamiento humano, creo que es mejor decirlo, “la
era de la estupidez”, es la mejor forma de definirlo, ¿cómo entender que su
voluntad siga sometiendo al desarrollo de su cerebro?, ¿cómo seguimos
leyéndonos con unos cuantos conceptos arcaicos e imposibles, racional,
civilizados, morales, sociables, etc.?
Hace poco se desató una guerra en el corazón de la
ilustrada Europa, y un extremista nacionalista vino a dar clases de política a
los ilustrados europeos, e incluso a regañarlos y reprocharles por la pérdida
de su coraje y valentía, a convocarlos a la guerra, al pasado glorioso de
sus marchas marciales y sus vítores nacionalistas ante la amenaza de las hordas
de bárbaros del oriente, emulando a Hitler les pide tomar las armas para
exterminar al imperio ruso, un extremista nacionalista ucraniano que camina
entre escombros y cadáveres de sus congéneres altivo y desafiante, su misión
sagrada de salvar a occidente merece esos sacrificios. Aunque sea una marioneta
de un perverso y sádico que le habla al oído y lo alaba para que continúe la
limpieza y el debilitamiento del enemigo de occidente, los rusos.
Un ser diabólico que donde se para huele a azufre,
y que descaradamente su principal "objetivo: tumbar a Putin, criminal de
guerra y paria en los foros mundiales. EEUU y la UE escalan la ayuda militar a
Ucrania para que la victoria de Kiev mine al presidente ruso en su propio país”
(1), evidentemente su mira no está en la paz ni evitar más muerte y sufrimiento
al pueblo del líder extremista nacionalista, que hoy en la cumbre de la
actuación, filma su mejor película, “Los muertos ucranianos que derrumbaron al
imperio ruso”.
Cómo no llamar a esto estupidez, cuando cualquiera
puede ver que unos funestos personajes líderes mundiales que tienen sus ropas
manchadas de sangre humana, y en su revolver no hay cabida para los millares de
muertos provocados por sus balas, sean los que utilicen al fanático y suicida
extremista nacionalista como una pieza de ajedrez y debilitar al enemigo en el
escenario geopolítico mundial.
Cómo no ver, https://www.elmundo.es/internacional/2022/05/07/627673bffc6c83792f8b4585.html
que no vale ni una muerte de una vida humana que justifique la incompetencia de
la razón y la decadencia de la política para llevar a una nación a un baño de
sangre, como ha sucedido ahora en Ucrania, y a lo largo de la historia humana.
La civilización se reduce a los buenos modales para
comer, hasta ahí, lo demás es terreno fértil para los apetitos y las pulsiones
agresivas y sexuales humanas, no hay manera de volver a ubicar al hombre en la
cúspide la pirámide evolutiva de los seres vivos en la tierra, su lugar es el
subsuelo de los organismos unicelulares que no tiene más que una indicación, en
este caso, la muerte y el suicidio.
1) https://www.elmundo.es/internacional/2022/05/07/627673bffc6c83792f8b4585.html
Mayo de 2022
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