LA AUTÉNTICA “CORONA” DE TODOS LOS REINOS
¡Lo quieran o no!, la aparición del Coronavirus abre un parte aguas en
la historia de los humanos en el planeta tierra. Cuestiona la concreción de su
imaginario en una visión neoliberal salvaje en que ha configurado, organizado y
planeado su vida en sociedad, la res publica (la cuestión de lo público), sino
también, sus propósitos, fines y sentidos de su relación con la naturaleza, la
physis, que por un momento pensó que estaba por encima de ella, que podría
ponerla en peligro, e incluso, creó una narrativa cristiana de la piedad
ecologista para hacer un teatro con el tema del abuso que hacía de la
naturaleza, asumió heroicamente que albergaba profundas preocupaciones por ella,
acuñó términos y conceptos, y creó ciencias: biología, ecología,
sustentabilidad, ecocidio, biomasa, ecosistemas, habitad, redes tróficas, etc.,
y acuñó eslóganes políticos, ¡combate global a la contaminación!, ¡educación
ecológica!, ¡respeto a la fauna!, ¡tratamiento de desechos!, ¡tecnología
adaptada al medio ambiente!, etc., que las convirtió en puras retóricas
partidista y arrogancia narcisista, y se olvidó que era physis, que era
naturaleza.
Ocupó largo tiempo en construir una narrativa exclusiva y única, y la
llamo ideología (economía) neoliberal, la desafortunada sobreviviente de la
caída del muro de Berlín, con esa narrativa afianzó una política del terror y
de la guerra, una idea hedonista de los fines de la vida, una cultura de la
banalidad y los excesos, una educación narcisista y visceral, una ciencia al
servicio del poder y las armas; fue así como sus líderes de ese mundo humano
neoliberal evidenciaron sus contradicciones ante “el deber ser” y “el hacer”,
por un lado, estentóreamente hablando de legalidad, democracia, y promoviendo
los organismos multilaterales, y por el otro lado, actuando según sus intereses
y conveniencias, también construyó como principal pilar de esa narrativa una
economía sin ética, una dialéctica perversa del pobre-rico sin la posibilidad
de una síntesis hegeliana.
El virus asesino detuvo bruscamente sus sueños dogmáticos, y apagó sus
interminables luces de la Ilustración,
apareció repentinamente, y se movió selectivamente para causar los más
estragos mortales, quizás como ángel vengador, emuló el castigo divino o la ley
del Karma, se fue directamente sobre
esas ciudades que fueron laboratorios de los principios del mundo
neoliberal humano, que ahora vemos como epicentros de la pandemia a esos
conglomerados, por antonomasia, modelos
“perfecto” de las ciudades neoliberales, una de ellas, New York, donde los estragos han sido
tumultuosos, pero aún ahí, el virus asesino no pudo hacer un castigo divino
justo, pues castigó con más severidad a los eclipsados por el sueño americano
(latinos) y a los descendientes de los negros esclavos del África, la élite
toda poderosa, se escaparon como las ratas ante el naufragio evidente de un
barco, quienes lastimosamente tiene al dinero y las riquezas como su patria.
La concentración del virus asesino tiene un recorrido turístico y
económico, primero aparece en China, el lugar de la manufactura de las grandes
corporaciones transnacionales,
después comienza un recorrido lento y
mortal por la vetusta y bella Europa, después, se desplaza al epicentro de la
banalidad y las contradicciones del sistema neoliberal, los Estado Unidos de
Norte América, donde se saña con el mayor numero de contagio y mortandad.
No sé si ese virus asesino es inteligente o no, si es artificial o no,
o que hay explicaciones más allá de mi suposición y elucubración, como que en
Europa hay más gente de la tercera edad, o que su recorrido infeccioso del
virus mortal tiene que ver con el intercambio humano (los viajeros, turistas,
hombres de negocios, estudiantes), que tiene que ver con las regiones humanas
donde está el Business, por eso el recorrido del virus asesino ha sido la ruta
de los pudientes y adinerados, de los potentados y “afortunados”.
¡Oh! qué gran fatalidad, los lugares santos del mundo neoliberal fueron
atacados con saña, y no con misiles o armas de destrucción masiva, ni con
ideologías subversivas y revolucionarias de las izquierdas populistas, ni con
durmientes fundamentalistas, fue atacado por un microorganismo viral asesino,
que ese si tiene “la corona de todos los reinos” y la sangre azul.
De rebote, le pego a otras aglomeraciones paupérrimas, como a
Guayaquil, donde el mal vino de sus
emigrantes que persiguiendo el sueño europeo se emigraron principalmente a
España, y al salir huyendo de la peste del coronavirus regresaron a infectar
sus congéneres, a sus hermanos, que jamás debieron abandonar, o como a la
alegre y bullanguera Brasil, que más que por estos motivos, sufre la pandemia
por la arrogancia de un gobernante fascista.
La llegada del Coronavirus ha cambiado radicalmente la relación con el
otro, con el mundo. Así vemos como la tarea de salir del confinamiento en que
nos tiene postrada, es como volver a caminar dentro de un mundo sórdido y
extraño, que no puede ser configurado de la misma manera, ni vista con las
mismas coordenadas conceptuales y epistémicas que el miedo y el terror a lo que
significa morir está obligando a pensar de otra manera, a volver a aprender a
pedalear incluso con otra bicicleta*, por eso podemos decir que hay un a.c.
(antes del coronavirus) y un d.c. (después del coronavirus), su llegada hace
que la historia mundial se homologue y se hermane, por primera vez la historia
mundial tiene un solo calendario, el a.c. y d.c. El mito de la Torre de Babel
se colapsa y cae, se impone un solo lenguaje, el miedo y la esperanza de un
mejor mañana, un futuro esperando donde no necesitemos los cuencos de vidrios
ni las luces multicolores, ni las sustancias alucinadoras, ni los guisos
exóticos, ni dos casa, ni palacetes, ni el celular de última generación, tan
sólo un cuerpo sano y una mente viendo su cuerpo sano.
La única narrativa neoliberal perversa se colapsa, y el hombre
universal también está en cuarentena y con miedo, las cosas simples y sencillas
adquieren una dimensión extraordinaria, salir de nuestras moradas y respirar el
aire, caminar, ver a nuestros hijos jugar con la arena, resulta mucho más
valioso que un I phone con una cámara de 300 megapixeles.
En nosotros está aún la elección, o el cuerpo sano o la mente drogada,
o la comunidad o las metrópolis engalanadas, o la educación con respeto a la
armonía con la physis o el nomo enloquecido por tantas contradicciones.
*https://elpais.com/sociedad/2020-04-26/los-ninos-salen-por-fin-a-la-calle-todo-le-parece-mas-grande.html?fbclid=IwAR2cJSQN-qKY_vSZr9Q0KAcVllp7wyX3friCXjx4nQoFExHxvCKUXj9pA1A
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