A propósito de nuestro papel en esa necesaria e ineludible 4 transformación de México
La
corresponsabilidad entre gobernantes y gobernados
Teóricamente la democracia
es “el gobierno del pueblo”, en el entendido que el pueblo elije a sus
gobernantes, y estos deben obedecer lo que el pueblo manda, “mandar
obedeciendo”, y esta corresponsabilidad de “los gobernados” se da en un
principio a través del sufragio efectivo, y después por los canales de
participación ciudadana que deben, en un supuesto, alimentar los programas de
gobierno, las políticas públicas, y las prospectivas para la gobernabilidad y
el estado de derecho. Esto apunta a una corresponsabilidad entre gobernantes y
gobernados, es decir, que la responsabilidad del “gobernado” no termina en
emitir su voto el día de la jornada electoral.
Se dice que el que llega a
gobernar lo debe hacer para todos sin distingo, y permanentemente se le demanda
por todos los medios, porque desafortunadamente esto no sucedía, el gobernante
gobernaba con un sesgo partidista y particular, no había instituciones
autónomas, y el poder se ejercía desde un meta poder personal que estaba lejos
de la legalidad y la legitimidad, entendían que la legitimidad que le daba las
urnas era una autorización para ejercer un poder personal y un ejercicio de las
instituciones públicas de forma arbitraria a favor de los intereses de unos
cuantos, fue así como vimos que “la funcionalidad institucional pública no
existía” como tal, puesto que sin pudor las instituciones era usadas de acuerdo
a los intereses del gobernante y de sus grupo político.
Esta narrativa fue mermando
la capacidad y el deber que tiene el estado para velar por los intereses de
todos, y asegurar, con la capacidad de ejercer la violencia (castigo), la paz,
el bienestar y la felicidad de los ciudadanos y sus pueblos. No podemos situar
en un tiempo presente la responsabilidad de la crisis social, especialmente con
respecto a la violencia desmedida, la falta de seguridad pública, y la pobreza,
puesto que lo que estamos viviendo fue una paulatina degradación de la
funcionalidad institucional del estado mexicano, y que hoy se puede corroborar
en que la inseguridad y la falta de empleo son las principales preocupaciones
de los mexicanos.
Enfrentar esa “degradación
de la funcionalidad institucional del estado mexicano” no es una tarea fácil,
puesto que su síntoma “la corrupción” era y es cultura, y por lo tanto,
normalidad con que hemos vivido en sociedad los mexicanos, el camino corto, sin
respetar las reglas del juego de la vida en sociedad, era preferible que
formarse y esperar el turno según la ley del orden institucional, el dicho
popular “el que no tranza no avanza” operaba y todavía opera en el inconsciente
colectivo de los mexicanos. Por eso es patético observar a grupúsculos de la
clase política mexicana desear el regreso de eso ominoso pasado, donde ser
político era asegurarse un progreso rápido y sin esfuerzo, claro a costa del
erario público, o incluso verlos afirmar que los pasados gobiernos son mejores
que el actual, y más repugnante ver a un expresidente como Vicente Fox asumirse
como un ejemplo de “gobernante eficiente y probo”, sabiendo los mexicanos que
en su período de gobierno se dio la mejor bonanza de los precios del petróleo y
no hizo nada para estrechar la brecha entre los que tienen todo y los millones
de mexicanos que no tienen nada, y que fue parte del despilfarro y el abuso del
poder público, otro periodo de corrupción y estupidez, ahí está otro culpable
de la “degradación de la funcionalidad institucional del estado mexicano”
impune, sin que todavía sea castigado.
El que gobierna debe
gobernar para todos, y que la confrontación política termina el día de la
elección, y el que gana debe entender que ya no tiene partido al gobernar y el
que pierde debe reconocer y apoyar al que gana para gobernar, y esto último
implica ayudar desde una crítica constructiva e inteligente, entendiendo que
hay asuntos de la agenda pública que forma parte de los intereses nacionales y
que por lo tanto, todos sin distinción debemos sumarnos a enfrentarlos, como es
el caso de la inseguridad y la pobreza, y que no suceda lo que está pasando con
esos partidos y esa clase política trasnochada que continua haciendo oposición
desde el acecho y la estupidez, sin la capacidad de proponer soluciones
inteligentes ni propuestas alternativas para enfrentar de forma solidaria los
graves problemas que vive México.
En ese obvio matiz que “la
democracia como gobierno del pueblo” implica que “el que gobierna debe gobernar
para todos”, y “los gobernados deben participar con el gobernante” se encuentra
el quid para enfrentar los graves problemas que vivimos los mexicanos.
No es tarea fácil enfrentar
la “degradación de la funcionalidad institucional del estado mexicano” porque
esto implica recobrar cierta salud mental perdida, buena voluntad,
inteligencia, nacionalismo, y lo fundamental, hermandad.
Personalmente creo que todos
debemos reflexionar sobre nuestro papel en esa necesaria e ineludible 4
transformación de México, llamémosla como queramos para no herir
susceptibilidades, aunque creo que no hay tiempo para la susceptibilidad,
porque México enfrenta graves problemas que urgen ser atendidos y sé que sin la
voluntad de todos nosotros no será posible solucionarlos. Está en juego qué
clase de sociedad heredaremos a nuestros hijos, y personalmente me aterra que
mis hijos vivan en la zozobra e incertidumbre, que no puedan andar por las
calles seguros, que no puedan tener oportunidad de un empleo bien remunerado
que les permita una mejor vida, y que no puedan ser felices con una sociedad
violenta, egoísta y pusilánime.
Hoy estamos ante un
parteaguas histórico, o asumimos el reto de construir un México mejor o
enfrentaremos más violencia e incertidumbre, no hay otra disyuntiva, no hay
otra política, ni otro momento.
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