A propósito de la revolución moral que vive México, y las condiciones sine qua non para lograr la cuarta transformación de México
Manual
para un comportamiento ciudadano critico más allá del dogma y una sana
oposición constructiva política.
Restituir la Normalidad de
la funcionalidad Institucional del Estado Mexicano no significa la cuarta
transformación de México, ni mucho menos un cambio de paradigma de la res
pública (cosa pública). Lo que sí está ocurriendo, y lo encabeza
inteligentemente nuestra presidente de la república, es una Revolución Moral y
de la Esperanza, y eso hay que señalarlo, Revolución de la Ejemplaridad en el
proceso de restituir la normalidad perdida de la funcionalidad Institucional
del Estado Mexicano.
El flagelo con que se
resume esa inoperancia de la normalidad de la funcionalidad de las
Instituciones del Estado Mexicano es y era la
corrupción, que se hizo formar parte de nuestro inconsciente colectivo, de
nuestra cultura, sintetizado en la lapidaría frase, "el que no tranza no avanza", y formaba parte de ese
metalenguaje privado que operaba sobre el poder público, y que legitimaba de
cierta forma el uso personal del poder público y de las instituciones,
volviendo inoperante el estado de derecho y el buen funcionamiento de las Instituciones
Públicas Mexicanas.
Es necesario que "la corrupción" tiene que
extirparse totalmente de la vida institucional y social, y del poder público de
México, aunque esto no sea suficiente para hablar de una Cuarta Transformación,
puesto que para que haya una verdadera Cuarta Transformación en México debe
haber un rompimiento con el moldeo económico neoliberal, y se debe presentar
una nuevo modelo social, político y económico, y fundamentalmente, la propuesta
de una nueva noción de Estado y sociedad, que creo que es necesario para la
viabilidad de México como país independiente y soberano, no hay que olvidar que
México se encuentra atrapando, como la mayoría de los países del mundo, en el
sistema económico neoliberal capitalista, que por si en su esencia no es justo,
por lo que es una contradicción pensar que desde un modelo neoliberal
capitalista, donde el Mercado no está regulado ni construido para la justicia
social, y cabalga libremente imponiendo los precios de los productos de forma ad hoc, especulando de forma
virtual-real con la economía y el valor de los productos del mercado, se puede
pensar que ocurra una Cuarta Transformación que implique justicia social,
libertad e igualdad, y principalmente, el fortalecimiento de la democracia y la
regeneración del poder público.
No hay que olvidar que el
sistema neoliberal se sienta sobre un estructura de poder diseñada
exclusivamente para la explotación, para que unos cuantos países continúen
detentando todas la riquezas, y para que la mayoría de los demás países sean
explotados de una u otra forma, ya sea sirviendo para producir la materia prima,
adquirida a un costo por debajo de su precio real, ya sea para ser el lugar
donde se instalen las empresas trasnacionales para explotar la mano de obra
barata de esos países y generar capitales "golondrinos"
que jamás se quedan en esos países y sirvan a su desarrollo, además de causar
severos daños al mercado interno y al medio ambiente de forma irreversible.
En ese sentido, para que
realmente México transite hacia una Cuarta Transformación implicaría un
posicionamiento osado que no puede ser más que retomar una posición política,
social y económica de izquierda, esto implicaría que la Revolución Moral y de
la Ejemplaridad que encabeza el gobierno mexicano pudiera regular y detener el
abuso y la especulación de ese mercado global capitalista para que se evitara
que no hubiera esa clase de exabruptos y contradicciones, donde unas cuantas
familias continúen detentando todo el poder económico, incluso político y
social, y la gran mayoría de los mexicanos paulatinamente se deslicen hacia la
pobreza; y se creara una sociedad realmente justa y equitativa, y pudiéramos sacar
de la pobreza a esos más de 50 millones de mexicanos.
Es innegable que aparte de
una posición ideológica radical y realmente de izquierdas, el Estado Mexicano
debe asumir una crítica al modelo global que ha fracasado y sólo ha servido
para construir un mundo más injusto e inseguro, y apostar por una Revolución de
la Representatividad como le hemos llamado, y fundamentalmente, hacia una
refundación o regeneración del poder público a partir de la reconversión de la
república y el pacto federal, incorporando al Municipio como el elemento más
importante de la república, es decir, construir una República Municipalista.
Paradójicamente nos
encontramos exactamente en una especie de confusión epistémica en torno a la
caída de la Clase Política que había ejercido el poder público por más de 8
décadas y que es la responsable de la actual severa crisis social, económica, y
de seguridad que vive México, y el relevo asumido abrumadoramente por la urnas
de una nueva-vieja Clase Política que intenta marcar una diferenciación radical
a través de una excesiva auto denominación (la cuarta transformación) que nos
corresponde con la realidad y el proceso histórico que vive la sociedad
mexicana.
Es así que las
expectativas que la sociedad mexicana ha depositado en esa relevo debe ser prudente
y sometido a un análisis más exhaustivo, primero, entendiendo lo que
corresponde al contexto elemental de Restitución de la Funcionalidad
Institucional del Estado Mexicano, que es lo que se está intentando hacer, y
consolidar una revolución moral necesaria para no regresar a las viejas
prácticas corruptas que gangrenaron la vida institucional de México, y por otro
lado, la exigencia de construir esa idea de nación más acorde a las condiciones
demográficas, de representatividad y desde la psicología social con que debe
tratarse el tema de la regeneración del poder público, y fundamentalmente, el
proceso de transición conceptual y epistémica hacia la verdadera democracia y
la real política.
Esto conlleva situarse
ante el contexto político e histórico que vive México desde una posición
crítica constructiva, dejando el dogma y la inercia de las pasiones para
abrirse a nuevos campos teóricos sociales y políticos que permitan reconfigurar
la episteme de lo público.
Si miramos atrás de forma
simple, el pasado reciente nos puede arrojar una realidad pública que
difícilmente podríamos aceptar que así sucedía, y que incluso que todavía
sucede, pese a los esfuerzos titánicos y a veces en la soledad que hace el
presidente Andrés Manuel López Obrador.
Aberrantemente existía en
México un metalenguaje que operaba independientemente de los intereses
públicos, y manipulaba las Instituciones Públicas que el Estado Mexicano
construyó para organizar la vida social y pública. Esto trajo, teniendo al
final de la caída de esa vieja clase política, como causantes principales, el
relevo generacional de esa vieja clase política que dejó llegar al poder
público a una generación de políticos sin escrúpulos y sin oficio político que
destruyeron "el equilibrio del
poder" que había permitido mantener a esa vieja clase política por más
de 6 décadas en el poder público, una terrible crisis política, de certeza,
económica (en cuenta a nulo crecimiento), social; crisis de aumento de la
pobreza y la pobreza extrema, crisis de justicia social, y lo que dio el tiro
de gracia a los mexicanos, la terrible y cruenta crisis de seguridad y
violencia que vivimos los mexicanos, y esta crisis tiene que ver,
fundamentalmente, con la obsolescencia y la caducidad en que ese relevo
generacional dejó las Instituciones pública, no tan sola las encargadas de la
administración social, sino también, las instituciones de procuración de justicia,
el poder legislativo y ejecutivo, en suma, crisis que llevó a una pseudo-democrática
que no permitió aprovechar las fortalezas de una sana e inteligente vida
democrática que permitieran haber hecho de nuestro México, con sus riquezas
naturaleza, culturales, sociales y humanas, un país del primer mundo, de
vanguardia y progreso, en otras palabras, podríamos decir que llanamente las
Instituciones públicas y sociales dejaron de funcionar como deben de ser o como
es, ni si quiera el aparato conceptual de la revolución mexicana se puso en
marcha y permitió que las instituciones funcionaran como debían ser, en un
deber ser simple, donde cada quien debiera haber hecho lo que debió hacer, cada
institución pública, entre ellos, el estado, la iglesia, la familia, los
partidos políticos, los medios de comunicación, y las instituciones morales,
que debieron operar con esa normalidad que implicaba administración de la res publica dejaron de hacerlo, en
resumida cuenta, creamos una cultura de la simulación y el engaño.
México dejó de funcionar
como un Estado Institucional y lo que nosotros terminamos viendo era la
impronta de praxis fuera de la ley de
los grupos de poder, también llamada "clase
política" que utilizaron las Instituciones para sus intereses
personales, para sus deseos de grupo, para ello, construyeron una estructura
piramidal para el control del poder público, posibilitando en contubernio, el
robo de las arcas públicas, pirámide de poder depositada en un solo hombre cada
seis años, quien durante esos seis años ostentaba absolutamente todo el poder,
anulando la división de poderes y la funcionalidad institucional.
Como lo comentamos más
arriba, fue un factor determinante para la caída de esa vieja clase política,
el papel que desempeñó ese revelo generacional de los fifís, quienes son y eran
auténticos delincuentes rapaces, relevo generacional que aupó a un grupo de
políticos improvisados, sin experiencias, incapaces y proclives a la
corrupción, a la ligereza y a la vanagloria, que finalmente provocaron el
hartazgo de los mexicanos, y precipitaron la caída de esa vieja clase política, que perdió de forma
contunde el poder público en las urnas, y permitiera que llegara a gobernar
nuestro actual presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador.
Una vieja clase política que era realmente una
asociación delictiva que se reorganizaba cada seis años, profesionales en el
arte del engaño y el arte del equilibrio, se ponían de acuerdo para satisfacer
sus propias necesidades personales, sus propias ambiciones, sus propios
intereses, y, por otra parte, permitían que operara una serie de complicidades
que venían desde arriba hacia abajo, de tal suerte, que el equilibrio se
mantenía a expensa de un pueblo mexicano empobrecido y vejado.
Pero insistimos que no
basta Restituir la Normalidad Institucional del Estado Mexicano, y pensar que
esto será suficiente para el pleno desarrollo económico, político y humano de México,
partiendo sólo de la sensación que se está en el camino correcto para resolver
los graves problemas que padece la sociedad mexicana, puesto ese optimismo nos
pueden situar ante un peligro, primero que la carga de la ejemplaridad está en
los hombros de un solo hombre, una sola persona, sin una estructura humana que
hablen el mismo lenguaje y prediquen con el ejemplo, y por el otro lado, no
contamos con una oposición constructiva e inteligente, y por último, tenemos una
ciudadanía acrítica e inconsciente.
Estas reflexiones que
hacemos no van encaminada a quitarle mérito al gran esfuerzo que viene haciendo
nuestro presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, hombre
ejemplar, que muchas ocasiones parece que está sólo gritando en el desierto
ante un muro de individualismos, egoísmos, y avaricias, donde no es escuchado y
entendido, por una sociedad que todavía no está consciente que la construcción
de los espacios públicos es un asunto de corresponsabilidad.
Y hay que reconocer que
existe un peligro latente de que la cargar de esa Transformación, tan anhelada por
los mexicanos, esté en los hombros de un solo hombre: la regeneración del poder
político y de la democracia, y la restitución de la funcionalidad institucional
del estado mexicano, esperamos que tengamos presidente para rato, aunque si es
indispensable acelerar la Transformación pues es una necesidad ineludible, y la
incorporación de los hombros de todos para que esto sucede, mucho más urgente y
necesario.
La salud de la vida
pública mexicana demanda exactamente la renuncia a esa única visión de la realidad
que nos han impuesto el sistema neoliberal dominantes que ha acrecentado las
desigualdades y la pobreza, por eso debemos volver a problematizar y a debatir
sobre la naturaleza humana, y fundamentalmente, tener presente hasta donde ha
llegado el proceso de alienación y dominio del sistema imperial global que ha
sometido a una injusticia radical a las sociedades de nuestros pueblos a nivel
mundial, por lo que el problema mundial no es que no haya que comer, alimentos,
riquezas, el problema está en la especulación de las riquezas y la distribución
inequitativa de esas riquezas a partir de ese sistema político neoliberal
mundial excluyente.
Por lo que la única
salida, es exactamente plantear una nueva gramática que tiene que ver
exactamente con el verdadero marxismo, rescatando no tanto sólo el materialismo
dialectico, sino el concepto fundamental de la igualdad y de la comunidad de
oportunidades que todos tenemos que tener en una sociedad sin exclusión y,
obviamente, contraviniendo toda idea neoliberal que nos sitúa en una especie de
convergencia en la cual millones pierden y pocos ganan, donde es común tener,
como en nuestro México, un país lleno de gente que vive en la miseria, y el
contraste de tener a algunos de los hombres más ricos del mundo. Lo anterior
sin que ello represente una apuesta radical contra el mundo y las naciones
económicas, no, simplemente restituyendo una visión que permita garantizar la
vida digna de los hombres, ya que toda vida merece la pena ser vivida.
Desde dónde podemos
comenzar ese refundación del Estado Mexicano, primero, reconociendo que continuar
mirando hacia la globalización como nuestra salvación sería un error, puestos
que como lo hemos comentado, esos procesos globales han fracasado porque han
sido instrumentos hecho para el dominio, por lo que debemos apostar sino se
quiere hablar de marxismo, asumir un estado totalmente comunal, esto es
importante señalarlo, porque creemos que desde ahí es donde podemos teorizar y
volver a debatir y a luchar para que este mundo sea un mundo realmente justo.
Aunque esa revisión de lo
público entraña no tan sólo la ciencias política, económica, filosófica, sino
también la demografía y la psicología social, más específicamente, la
democracia representativa, acercándonos a ejercer una democracia más directa,
fundamentalmente, recuperar el concepto de las polis griega, la ciudad-estado,
la República Municipal en el sentido del empoderamiento de lo local y del
municipio, en otras palabras, voltear la pirámide del poder implicaría una
nueva estructura jurídica, política, social y económica, la tarea de un Nuevo
Constituyente que empodere lo local y al municipio como las estructuras
elementales del Pacto Federal de la República, por lo que viene bien hacer
memoria histórica para darnos cuenta que México es otro, el 31 de enero de 1824
se aprueba la Primera Acta Constitutiva de la Federación Mexicana, hace 195
años, y México tenía alrededor de 6,500,000 (notas sobre México, Joel R.
Poinsett, 1824), en la actualidad, México tiene 133,326,827
(www.populationpyramid.net), por lo que la inclusión de la demografía es
sumamente importante para esa nueva refundación del estado mexicano, incluso
una revalorización del Pacto Federal basado en los estados nos lleva a simple
vista, la necesidad del empoderamiento del Municipio y su importante papel que
debe tener dentro de un nuevo Pacto Federal que lo incluya formalmente, una
visión demográfica nos da los argumentos del por qué debemos plantear una República
Municipalista.
Hay una agenda común
política, social y moral ineludible que necesita ser reconocida por todos los
actores de la vida pública mexicana, que es el reconocimiento que México vive
un estado de excepción, y que demanda la participación de esos actores, no
puede haber una oposición sana y leal a los intereses de la patria sin el
reconocimiento de esa agenda común. Primer acto para una sana oposición
política.
Vivimos tiempos en que las
construcciones de nuestros espacios públicos implican la corresponsabilidad, y
una actitud crítica fuera de todo dogma, así como la participación cívica de
cada uno de los mexicanos.
En resumen, podemos decir,
que la gobernabilidad republicana se dirige únicamente a Restituir la
Funcionalidad Institucional, por lo que el diagnóstico monotemático: el Combate
a la Corrupción tiene temporalidad, por lo que no servirá para responder a los
graves problemas que vive el Estado mexicano, ni para mantenerla como
estandarte de lucha y estrategia política.
A todas luces falta un
Proyecto de Nación fundamentado en una nueva teoría política e ideológica, que
sostenga el poder público de forma consecutiva, es decir, que las acciones de
la función pública estén vinculadas con esta nueva teoría política e ideológica,
teniendo la garantía que ésta nueva teoría política e ideológica sea capaz de
enfrentar y resolver los graves problemas sociales, de certeza, económicos,
educativos, y de seguridad, entre otros, que vive la sociedad mexicana;
considerando que no debe entenderse como una posición puramente moral y
ejemplar, sino como una perspectiva de ética y acción que involucre a la
sociedad en general.
Hay un punto de
coincidencia metodológico donde todos debemos participar y partir: La necesidad
de la Refundación del Estado Mexicano a través de un Nuevo Constituyente.
Acuerdos republicanos
mínimos del nuevo constituyente: Revertir el pacto federal, en un pacto federal
entre los municipios, construir una república municipal, estos implica
empoderar al municipio, construir una economía comunitaria (no marxista), y
lograr una educación social universal, así como regenerar el poder político,
fortalecer la democracia, fomentar una cultura del progreso, eliminar
totalmente la pobreza y la marginación, justicia social universal, protección
social universal a la familia, lograr una equidad integral de género,
consolidar una justicia jurídica solidaria, y lograr una salud pública
universal y de calidad.
¿Qué debe ser la cuarta
transformación social y política de México?:
La Cuarta Transformación
social y política de México no es sólo restituir la funcionalidad institucional
perdida y gangrenada por la decadente clase política y los voceros del imperio.
La Cuarta Transformación
social y política de México implica una refundación del Estado mexicano desde
lo local, lo comunitario, tomando en cuenta la demografía y la psicología.
La Cuarta Transformación
social y política de México representa invertir la pirámide, y es desde lo
local donde debe construirse el poder público.
La Cuarta Transformación
social y política de México representa renunciar a las viejas fórmulas de
"la representatividad" hoy obsoletas y tomar en cuenta con todo la
legitimidad y la legalidad del empoderamiento del municipio.
La Cuarta Transformación
social y política de México implica construir una República Municipal y si
queremos podemos ir más abajo, de jefe de manzana, de agentes municipales, de
comisariados ejidales a fin de crear nuevas estructuras políticas y sociales.
La Cuarta Transformación
social y política de México implica integrar la Educación Popular (social) como
una de los ejes fundamentales del discurso político y las políticas públicas,
la educación como el instrumento de la liberación y el progreso.
La Cuarta Transformación
social y política de México implica una Revolución de la Representatividad, si
queremos hacer frente al imperio y a los graves problemas que laceran el lazo
social y nuestra viabilidad de futuro.
Marzo de 2019
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