III Contexto
¿Es posible incorporar “lo diferente” sin anularlo?, parece que no, que una idea es exclusiva
y real, y que en el momento en que se dispone o se fuerza a ser algo diferente,
no admite interpelación más que en el ámbito retórico, porque en lo real se impone sobre cualquier otra
posibilidad de ser, solamente admite ser la cosa misma.
No es ocioso pensar que en las cuestiones de la
naturaleza humana hemos llegado a un callejón sin salida, o mejor, al imperio
de un único pensamiento legitimador, la razón a ultranza del pensamiento
occidental, principalmente su gramática tatuada en nuestro ADN, marcada en
nuestro cuerpo, siendo el cuerpo mismo un signo que se ha hecho célula, y una
célula que se ha hecho signo, no hay distinción entre la naturaleza (cuerpo)
humana y el espíritu humano, es monstruoso, porque la dualidad aristotélica se
ha extraviada, y sólo queda una única posibilidad de concebirnos. Un contexto
que, hasta la ideología, el lugar común, ni siquiera es ciencia, ni saber
construido de la racionalidad.
El misterio del hombre se ha desvelado, reales
animales de ficción, seres irracionales racionales. Lo real es racional y lo racional es real,
Hegel predecía nuestra única posibilidad de sentirnos exclusivos, de definirnos
y saber qué éramos, aun prefiriendo la nada a no ser, y este refugio se ha
colapsado.
Hoy ese puerto
plácido al que habíamos arribado no ha dejado de ser frágil, y ha traído
consecuencias funestas. Los exabruptos recorren por doquier los reductos de la
convivencia humana, y el espíritu de Apolo se niega a morir.
Principalmente fue Europa quien no le hizo caso a la
Viena de Nietzsche y Freud. Esa búsqueda de otro modo de ser que nos hablaba
Josep Casals en Afinidades vienesas,
implicaba el mundo del semblante, y aceptar la ambivalencia como lo único que
anulara la lucha de contrarios: Les fue difícil aceptar concebir al hombre como
el pobre sujeto ahora vuelto casi un
extraño ante sí mismo, y como ahonda Josep Casals, porque ello nos devuelve a la cuestión de lo
trágico en un mundo sin dioses (sin oráculo), para después rematar con
Ciorán que en Europa la felicidad terminaba en Viena. Hoy están pagando las
consecuencias de esta omisión, y otra vez, la guerra ocurre en su territorio, y
los Estados Unidos solo es un espectador que tan sólo enviará sus aviones de
guerra a apoyar al amigo en problemas (Inglaterra y Francia), los demás no
importan, que se jodan por románticos y latinos.
Europa también suscribió un pacto con la razón a
ultranza, y pensó que era fácil desde la estética y tolerancia resolver el
problema de la diferencia y lo pluricultural, no aprendió de los Estados Unidos
a sobreponer a la diversidad el neoliberalismo salvaje del consumo, al hombre
universal, que nos lo machaca una y otra vez, que con sus superpoderes (sus
armas sofisticada) es el vigilante del mundo, sin decir que sólo es el
vigilante de sus intereses geopolíticos.
Decía Nietzsche el
hombre prefiere querer la nada a no querer, y hoy reafirmamos que nos
resistimos a dejar de “querer la nada a
no querer”, porque “la nada”
cuando menos era “algo”, aunque sea
una ficción cruel e injusta.
La lectura es polivalente y polisémica, es radical en
el sentido de aprender a comprender sin comas ni puntos, a volver a nacer desde
una tabula rasa que incorpore desde
el principio “lo diferente”, no hay
disyuntiva en las cuestiones humanas, lo
falso o lo verdadero, que como podemos ver nos deja dos elecciones que se
excluyen mutuamente, sino una conjunción, falso y verdadero que nos deja en una
contradicción sana y libre, por lo que no es “occidente" o "medio
oriente (u oriente)”, sino “occidente y medio oriente (oriente)”, ésta simpleza
epistémica romántica implica una gran voluntad, que quizás solo una situación
límite nos lo haga comprender, y ya sea demasiada tarde, la destrucción del
mundo.
Es trabajar como lo he señalado reiteradamente, en una
nueva conceptualización de la naturaleza humana que sustituya está decrepita,
decadente y errónea. Y para los occidentales es pensar en un Tercer Testamento
tolerante, si queremos conservar nuestra tradición judeo-cristiana como punto
de referencia para nuestra concepción de lo humano.
Tenemos que aceptar que otras elecciones a las
nuestras, aunque sean desde otra ideología o filosofía, que tienen
sustancialidad y ocupan un lugar común en nuestra mundo humano y terrestre, ¡los
ciudadanos son desde lo local!, esa vértigo en que hemos encarrilado el destino
de la humanidad, el proceso globalizador y la idea de un Hombre Universal ha
fracasado, espejismo que nunca se logrará, esto es peor que el
comunismo-marxismo-leninismo, porque cuando menos ahí había la intención de un
beneficio para todos pensando en la igualdad de las diferencias, el hombre
universal (las fuerzas armadas de los señores amos de piel blanca) sólo cuida
los intereses de sus dueños, por eso vemos como millones de seres humanos están
condenados, incluso antes de nacer, a la pobreza y a la muerte.
No queramos vernos exclusivos, diferentes a los demás
seres vivos de este planeta, cuando ni siquiera hemos agotado nuestra
racionalidad y nuestros humores, porque los afectos y la emotiva han ocupado un
lugar privilegiado en nuestras apreciaciones y capacidad de distinción, la
verdad nos escupe a la cara, y no podemos
ver “cómo somos explotados por el imperio”, sus cuentas de vidrios (el
hiperespacio virtual) enceguecen nuestra razón, y se aprovecha de nuestros
pasiones, sólo así se entienda que el filo (amor) anteceda a la Sofía
(sabiduría), y que contradigan nuestro principio supremo de no contradicción.
El hombre en su proceso de “saberse de sí mismo”,
está parado en una contradicción insalvable, y es ahí justamente donde se
encuentra nuestra salida y nuestra libertad. No es una elección usar burka o no
y pensar en sus implicaciones y debates ideológicos y científicos, es la
simpleza de usarla o no la única verdad, se nace con ella, está en la piel,
como lo está, no usarla. Por eso hablar de los derechos humanos en este tema es
una argucia la ley de las mayorías y del poder.
La naturaleza humana requiere urgentes debates, los
sinsabores de la identidad del hombre y las consecuencias del secuestro de la
verdad humana son suficientes razones para hacerlos.
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