El lugar paradigmático que nos tocó vivir, humano demasiado humano
Sabíamos que iba a ganar, que la tercera era la vencida, que las
encuestas ni si quieran pudieron pronosticar que los resultados iban a ser
inéditos, que los aires del cambio se convertirían en auténticas mareas
electorales a favor del “peje”, y que
“la dictadura perfecta” tendría su
fin, El PRI y su alianza con el Partido Verde y Nueva Alianza tendrían tan sólo
12 escaños por la vía de las urnas, el otrora partido dominante, la maquinaría
perfecta de la simulación y el engaño se convertiría en un rudimentario Arco
con flechas desgastadas que no podrían evitar lo inevitable, aun habiendo
candidateado a un “ciudadano bueno”, el
triunfo arrollador de los “morenos” a
lo largo y ancho de la república mexicana, y el otro Partido Político, que
despectivamente el “peje” junto con
el PRI los denomina: “prian”, se
agarró con uñas y dientes para no desbarrancarse, y pasó a panzazo, sin un
futuro promisorio; y las rémoras insaciables, raudos recogiendo las migajas del
poder electoral, se apuntalan con beneplácito como si constituyeran propuestas
originales, sin darse cuenta que algunos se sostuvieron por mimetizar el
discurso del mesías, o recogieron los beneficios del desprecio al PRI, rémoras
partes de la maquinaria de la simulación y el engaño para competir por el poder
político y público.
Hoy vemos como pasamos de una mayoría de “cuello blanco”, elegantes caballeros sabedores del arte de
gobernar, que bajo el liderazgo de Carlos Salinas de Gortari dejaron el revelo
generacional a auténticos imberbes en el arte de la política, pirañas de la
depredación que no dudaron en saquear las arcas públicas donde gobernaban: “me han dicho que te revienta que los
chavales olviden que los buenos modales son esenciales para robar. Tú sabes
que, para hacer una buena caza, no necesita usar la navaja un verdadero
profesional. Tu siempre mimaste al pobre a costa del rico lo que era un arte,
mierda de pico, está empezando a degenerar”, apresurando la putrefacción
del Sistema Político dominante; y los más vivos prepararon con anticipación el
abandono del barco a punto de hundirse y desapercibidos se trasladaron del lado
del “elegido”, no sé si él mismo se
dio cuenta, o fue tan perfecta sus argucias que se le colaron sin que se diera
cuenta, aunque a los iguales nunca se les olvida, más cuando tienen el mismo
origen, el PRI; a una mayoría de apretujados en la Torres de Babel, donde
conviven sectas religiosas, bandas de barrios, izquierdas ateas,
priistas-panistas bautizados y perdonados, y un sinfín de “chapulines” ordenados “Caballeros
Templarios” dispuesto a dar la vida, o dejar de hablar a la familia por
ofender a AMLO, la gran mayoría dogmáticos venidos morales de forma espontánea
a fuerza de cumplir su sueño de estar en el poder, o verse repentinos en
sillones en el Santo Recinto Parlamentario, o nombrados Funcionarios Públicos
de la “nueva era” del México
posrevolucionario.
Aún tengo presente como iba con su pancarta toda mojada, maltrecha,
montada sobre su hombro, camina de retorno a su casa, las cosas no habían
salido bien, la ilusión se esfumó, ante las puertas del Consejo Electoral,
el fallo en las urnas había sido “inesperado” e inapelable, la convalidación de
la afrenta narcisista, no falló nada ni nadie, todos, los propios y
extraños habían cumplido a pie juntilla su papel en la obra, y el telón bajó, y
no había más que hacer.
Pensaba, y no dejaba de reprocharse, será que somos tan susceptibles que
la ofensa al “mesías”, había sido la
causa, el mal cálculo, que la huella prehispánica está vivas en el espíritu de
los mexicanos, y que el Tlatoani se
personificaría en el mismísimo AMLO.
Todo se vio, nada podía ocultarse, hasta lo más íntimo, su pena, quedó
al descubierto, con nada podía cubrirse, su yo osciló entre el afuera, el
orden, lo constante de la norma, y lo muy adentro, el rio subterráneo, sus
pasiones, sus pulsaciones. Lamentablemente había sido descubierto, todo él a
plena luz, sin sombra, sin alma, sin nada ni nadie a quien echarle la culpa,
era solo él, el de las mil mesetas, el indulgente pervertido, el benévolo
retrograda, el purísimo diabólico, el acá y el allá.
Después del colapso, todos pasaron delante, sobre, debajo de él, como si
no existiera, como si no contara, como todo descubierto tenía que desaparecer,
y no contar entre nosotros, incluso, no haber nunca contado, amnesia universal
que nos olvida en el primer momento que “el
Gran Otro” tiene un nuevo cuerpo.
Ahora el concepto de la perfección cobra significado, son las palabras
el velo que cubre a lo real, y el tiempo el que descubre si lo real cambiará
por otro menos mortífero, cruel y lapidario, el sueño de vernos en otro real
sin los exabruptos de la mano sanguinaria que no se detiene ante ninguna
suplica, que en una conciencia sin pasiones, si esto puede ser posible, se nos
desvela como un imposible, saltan las preguntas: ¿cómo construir otro ser al
mexicano, si siempre su ser, es ser incompleto?, ¿cómo provocar una clínica que
nos permita deslizarnos a otros síntomas más neuróticos que psicóticos?
En fin, de mientras disfrutemos la orgía, y el festín dionisiaco de “la mayoría de un solo hombre”, y esperemos
que pronto, ahora sí. nos inviten sinceramente a que seamos todos los que
construyamos otro ser del México aún bronco, que siempre ha aspirado a ser
moderno, ilustrado, y del primer mundo.
Así comenzaba el prólogo de un libro que tomé de la mesita en la
sala de espera, tenía un buen rato de estar esperando que me llamaran para
entrar a la consulta, después supe que la demora se debía a que el paciente que
había pasado antes, se le había subido la presión, y el doctor tuvo que
aplicarse a fondo para normalizar sus funciones cardiovasculares, tan bien lo
hizo que el paciente salió con muy buena cara, como si no hubiera pasado nada.
Pasaron unos pocos minutos y la asistente me hizo pasar al consultorio,
el doctor, un amigo de toda la vida, me saludó como siempre, con efusividad,
igual yo lo hice; después del protocolo inicial, me preguntó ¿cuál era el
motivo de la consulta?, le comenté que me sentía agitado y que deseaba que me
diera una “checada”, hizo la rutina
acostumbrada, electrocardiograma, tomar el pulso, y por último, una escaneada,
al final me dijo que no me preocupara que todo iba bien, que estaba tan bien
como un jovenzuelo. Contento por sus palabras, me despedí optimista y me retiré
del consultorio.
Un olvido sutil desvió mi preocupación, mis ropas se me habían secado, y
la pancarta se deshizo en la lluvia pertinaz de los meses de otoño, la falda
corta de una mozuela me hizo recobrar la postura erecta, y firme me dirigí a mi
casa con una nueva ilusión, una nueva campaña por la vida social, raudo llegué
y me acomodé en mi escritorio.
Bajo una luz tenue, muy noche me puse a escribir, muy alegre, muy
lúcido, diría muy humano, demasiado humano, comencé otra ficción de mi vida.
Hoy llueve, siempre el alegre llover, es un llover limpio, sin
nubarrones, sin estrepitosos rayos, sin mosquitos jodedores, limpio. Hasta
podemos andar bajo la lluvia contentos, sin prisas, fusionados los unos con los
otros, pensando en nosotros, interminablemente sintiendo sus gotas que caen y
acarician, y a veces nos besuquean, nos susurran poesías inéditas. Ayer me
dijeron una: “somos gotas de
lluvia, alegres gotas de alegres días, somos días sin prisas, y nubes de
algodón…somos la otra parte del otro y el significado de las lenguas, somos vientos
bonitos y juguetones”. Bueno, no penséis que estoy loco, precisamente no
son poesías literalmente, si no sonidos que hacen poesías, lo único que hago es
traducirlas, pues es como si fuera otra lengua, el lenguaje de las gotas.
Hoy despierto malhumorado porque no está lloviendo, será que “la lluvia” está molesta conmigo, que
adivinó mis pensamientos y pudo saber cuándo dije en mi interior, “¿Cuándo se quitará…?”, o, ¿será que
ha muerto y no pudo avisarme de su muerte?, porque aun cuando no lo crean todos
los seres podemos anunciar nuestra propia muerte, esperen, ahí viene nuestra
buena amiga la paloma Gertrudis, de
seguro ella si sabe la mala nueva o la buena mala de nuestra buena amiga “la lluvia”, esperar ahora vuelvo…
Ger espera, quiero preguntarte por “la
lluvia”, ¿por qué no ha venido hoy?, de seguro anda escondida por ahí, como
siempre presa de la contingencia.
Dile que la extraño, y que estoy preocupado, dile que mis pensamientos oscilan
entre la vanidad y el presagio fatal infame, la muerte. Decirle que otro día
sin ella no podré resistirlo, que necesito de sus gotas, de su alegre susurro,
de sus caricias, y la magia de sus cortinas que hace que pase de una realidad a
otra de forma amable, fresca.
Ger me respondió, “te diré la
causa de su ausencia, es cosa sencilla, espero que lo comprendas”.
Nuestra lluvia tuvo que irse
de prisa a otros lugares, lugares donde la necesitan de otra forma, y esto
de “otra forma” lo digo, porque sé de tu suspicacia, de tu
narcicismo, de tu egoísmo; porque sé que la amas, y ella es un ser universal que
no puede pertenecer a alguien, menos a ti, el mortal egoísta, el de la cabeza
grande y los pies de barro. Se fue a lugares donde hay seres que la necesita
para sobrevivir, para alimentar sus cuerpos y no fenecer, aquellos que no les
importa escuchar poesías ni ser traductor de nuestra creativa lluvia. Tan simple como que, si no viene
ella, ellos no podrán continuar, no podrán seguir siendo, ellos morirán.
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