Saber y querer -Descartes-
Justificación
El análisis cartesiano de las pasiones, evidenció la
resistencia del medioevo a reconocer la estrecha relación entre el saber y el
querer, relación tensa y desconocida, encrucijada de una supuesta lucha de
contrarios, que relegaba al deseo -pasión- a ser factor de perturbación y pérdida temporal de la razón:
Ceder terreno al lado oscuro e indómito de la
naturaleza humana significaba, obedecer el imperioso reclamo de los impulsos,
rendirse a las lisonjas sinuosas de los deseos, abandonarse inermes a Estados
de ánimo imprevisible y contradictorio, renunciar a la libertad, a la
coherencia y al autocontrol en beneficio de un amo interior más exigente.
–Bodei en Geometría de las Pasiones-.
Análisis que parte en reconocer que todo lo escrito
sobre las pasiones había sido un análisis incompleto, y sojuzgado al dogma de
las verdades reveladas, y a un falso problema de la interacción entre
mente-cuerpo, que es
La primera causa que ha impedido, hasta ahora, el
poder explicar bien las pasiones y las otras cosas que pertenecen al alma.
Consiste en que, viendo que todos los cuerpos muertos están privados de calor
y, luego, de movimiento, se ha imaginado que era la ausencia del alma la que
hacia cesar esos movimientos y ese calor…, al contrario, que el alma sólo se
ausenta cuando uno muere porque ese calor cesa y los órganos que sirven para mover el cuerpo se corrompen. –Descartes en
Pasiones del Alma art.V-.
Así que “no hay nada en que aparezca mejor cuán
defectuosas son las ciencias que tenemos de los antiguos que en lo que han
escrito de las pasiones” –Descartes en PA art.I-.
Es así que
Este acercamiento cartesiano al terreno de la moral a
través de las pasiones, permite descubrir su positividad, y sitúa los conceptos
razón-pasión como términos prejuzgados, que es necesario habituarse a
considerar como nociones correlativas y no obvias, que se definen
recíprocamente (por contraste o por diferencia) sólo dentro de determinados
horizontes conceptuales y de específicos parámetros valorativos. –Bodei en GP-.
En ese contexto situó este trabajo, escudriñando su
moral, y analizando, por diferencia, el concepto de pasión en la filosofía de
Descartes, acercamiento que permita justificar su rol dentro de la naturaleza
humana, su función en el deber y su ubicación en el saber, principalmente en el
reconocimiento epistemológico que el propio Descartes hace de las pasiones como
pegamentos de los pensamientos, y que
La utilidad de todas las pasiones consiste únicamente
en que fortalecen y hacen durar en el alma pensamientos, que ella hace bien en
conservar, y que sin eso podría borrársele con facilidad. –Descartes en PA art.
LXXIV-.
Además de resaltar la Admiración como la pasión-razón
por antonomasia, pasión que marca en el hombre la diferencia con respecto a las
otras máquinas de la naturaleza viviente, pues “no teniendo al bien ni al mal
por objeto, sino sólo el conocimiento de las cosas que se admira” (Descartes en
PA art.LXXI), la admiración es la pasión puerta al campo del saber, “es una
pasión ligada al conocimiento, es el abrir los ojos al mundo con cándido
estupor y anhelo de saber captar lo extraodinaire” –Descartes en PA art.LXX y
Bodei en GP -.
Descartes
y su Filosofía.
La Filosofía de Descartes ocurrió en el siglo XVII,
entre 1596, fecha de su nacimiento, hasta
1650, fecha de su muerte; un año después de la publicación de su
obra Les passions de l’âme (1649)
Descartes es el padre del racionalismo, y fundador de
la Filosofía Moderna, porque provoca una ruptura entre la Filosofía Medieval y
las Posmedieval, la característica de tal ruptura, se basan en la libre
exposición del pensamiento, basado en el pleno uso de la libertad y la razón;
de esta forma, se establece una distancia con la teología cristiana, el dogma y
la servidumbre, desplazamiento del interés de la Filosofía de los temas
teológicos hacia el estudio del hombre y de la naturaleza. Aunque el tema de
Dios constituya en Descartes, un concepto fundamental para sostener el
conocimiento del mundo externo y las ideas claras y distintas. En lo referente
al estudio de la naturaleza, hay que reconocer sus antecedentes en el
movimiento científico del Renacimiento.
Se puede entender que el pensamiento cartesiano se ve
estimulado por el desarrollo de la
física y matemática, y confía en poder añadir,
algo a nuestro conocimiento del mundo y del hombre. Para tal empresa
tuvo que levantar una nueva estructura de la verdad, y confesara que “todo su
propósito sólo tendía a asegurar y rechazar la tierra movediza y la arena para
encontrar la roca o la arcilla” –Descartes en Discurso del Método-, edificación
que le permitiera deducir de principios verdaderos, o como los llama de ideas
claras y distintas, información acerca de la realidad, por eso
Estamos habituados a reconocer el contenido nuclear de
la filosofía de Descartes, en ese universal sentido cuyo atinado uso exige la
sujeción insoslayable a un método que, mediante una cautelar duda radical,
permita hallar esa primordial verdad del pienso, luego soy, cogito, ergo sum.
–Martínez Martínez, José en el estudio preliminar, PA- Verdad indubitable,
tierra firme y segura, primer Principio de la Filosofía.
Después de haber desarrollado un método de
demostraciones verdaderas según el orden impuesto por las exigencias de la
razón misma, pensó que había construido
un sistema orgánicamente conectado de verdades científicamente
establecidas, es decir, de verdades ordenas de tal modo que la mente pase de
verdades fundamentales evidentes por sí mismas a otras verdades evidentes
implicadas por las primeras, ideal sugerido por las matemáticas. Ese ideal
tiene su base en el cogito, ergo sum; proposición evidente por sí misma, pues
el sujeto no puede estar constituido de modo que se engañe al pensar que
existe, porque no puede engañarse, al menos que exista, de ahí parte para
afirmar que lo único que le pertenece a su esencia es que es una cosa pensante
e inextensa, y que tiene una idea clara y distinta del cuerpo como una cosa
extensa y con figura, dualismo metafísico y ontológico, mente-cuerpo. En suma,
el ser humano consta de dos substancias separadas, y que la relación de la
mente al cuerpo es análoga a la que hay entre el piloto y la nave.
Esta vereda nos llevará a nuestro tema principal, pues
Descartes al reconocer la dualidad mente-cuerpo, ubicará las pasiones en esa
relación, como funciones del alma en relación con el cuerpo. Descartes se topó
con un problema que resolver, a decir, explicar esa relación entre cosas de
naturalezas diferentes, la res cogitans y
la res extensa, pues pareciera que la una excluye la otra, de hecho en su
correspondencia que tuvo Descartes con Isabel de Bohemia, ésta le demandó
esclarecer éste problema, textualmente en la carta del 16 de mayo de 1643, Isabel
le pregunta a Descartes, “de qué forma puede el alma del hombre determinar a
los espíritus del cuerpo para que realice los actos voluntarios, siendo así que
no es el alma sino sustancia pensante”. Descartes le responde en una misiva del
21 de mayo y 28 de junio de 1643, “hay dos facultades en el alma humana de las
que depende todo el conocimiento que podemos tener de su naturaleza, de las
cuales una es que piensa, y la otra, que, por estar unida al cuerpo, puede
actuar y padecer con él”, por eso,
Atañe al cuerpo, la noción de extensión, de las que se
derivan las de forma y el movimiento. Y para el alma tenemos sólo la del
pensamiento, que abarcan las percepciones del entendimiento y las inclinaciones
de la voluntad; y por último, para el alma y el cuerpo juntos, sólo tenemos la
de su unión de la que depende la de la fuerza con que cuenta el alma para mover
el cuerpo, y el cuerpo para influir en el alma, provocando en ella sensaciones
y pasiones.,
Pero esa interacción entre alma y cuerpo no es
evidente, así que
El alma sólo puede concebirse mediante el
entendimiento; el cuerpo, es decir, la extensión…, puede también conocerse sin
más ayuda que la del entendimiento…y la
imaginación; y, por fin, las cosas que atañen a la unión del alma con el cuerpo
sólo se conoce de forma muy oscura con la única ayuda del entendimiento… Más
los sentidos – el sentido común- las dan a conocer con gran claridad.
Descartes fiel a su postura científica, advierte que
su “propósito no ha sido explicar las pasiones como orador, ni tampoco como
filósofo moral, sino solamente como físico” –PA-, y diríamos más propiamente
como fisiólogo, tan es así que llega a ubicar físicamente en el cerebro el
lugar de esa interacción del alma –mente-
y el cuerpo.
Las
Pasiones en Descartes, su Moral.
Se ha dicho que
la comprensión real y concreta de la moral comienza con las pasiones, se sigue
por ende, que la moral de Descartes tiene su exposición más acabada en su
tratado de las pasiones, sin embargo, creo conveniente resaltar los
antecedentes, que en cierta manera, contiene los gérmenes de la moral
cartesiana.
Así, en su camino –método- que toma para la
reedificación discursiva de la verdad,
se da cuenta que no puede continuar, sin antes, hacerse de una morada
provisional, “donde se pueda estar
alojado cómodamente durante el tiempo en que se ha de trabajar” –Descartes en
DM-. Lugar que le evitara la indecisión en sus acciones, mientras la duda
hiperbólica lo orilla a estarlo en sus juicios; y por otro lado, le permitiera
la felicidad, es decir, el contento de su espíritu. Para ello, asumió algunas
máximas, que creo contienen perfectamente las generalidades de su posición
moral: “La primera… gobernándome, en cualquier otra cosa, según las opiniones
más moderadas y alejadas del exceso que fuese comúnmente practicadas por los
más sensatos” –DM-, (Término Medio Aristotélico);
Mi segunda máxima era ser lo más firme y más resuelto
en mis acciones como pudiera, y no seguir menos constantemente las opiniones
más dudosas cuando yo me hubiera una vez determinado que fueran muy seguras…y
considerarlas después, no como dudosas mientras se relacionan con la práctica,
sino como muy verdaderas y muy seguras,
a causa de la razón que nos determinó a elegirlas. –DM-;
Mi tercera máxima era procurar siempre en vencerme
antes que a la suerte, y en cambiar mis deseos (pasiones) y no el orden del
Mundo, y generalmente acostumbrarme a creer que no hay nada que esté
enteramente en nuestro poder como nuestros pensamientos…Y esto sólo me parecía
ser suficiente para impedirme desear nada en el porvenir que yo no adquiriese,
y así para estar contento (feliz); pues nuestra naturaleza no acostumbra a
desear más que las cosas que nuestro entendimiento considera, de alguna manera,
como posible. –DM-.
Esto último es conducirse sabiamente, es decir, que
“todo aquel que mantiene firme y constante la voluntad de usar siempre la razón
del mejor modo del que fuese capaz, y de actuar en cada caso de acuerdo con lo
que juzga ser lo mejor, es verdaderamente sabio” –PF-, y por otro lado,
reconoce en esas máximas la felicidad como la meta de la ocupación intelectual
y filosófica, Es más en su correspondencia con Isabel de bohemia, de fecha 4 de
Agosto de 1645, Descartes reactualiza lo dicho anteriormente en su Discurso del
Método, a propósito de la demanda de la afligida princesa para que le enseñare el camino para el contento supremo, quodbeatamvitamefficiat, reafirmando de esta manera su optimismo,
que “todo hombre puede alcanzar el contento por sí mismo y sin esperar nada de
otra precedente, sólo con que se atenga a tres cosas, a las que se refieren las
tres reglas morales que puse en El Discurso del Método…1) dar el mejor uso
posible al intelecto para saber así lo que debe hacer o no en cualesquiera
circunstancias de la vida. 2) debe hallarse continua y firmemente resuelto a
llevar a cabo todo cuanto le aconseje la razón, sin que lo desvíen de ello sus
pasiones o apetitos. Y pienso que es la firmeza de esa resolución lo que hay
que considerar virtud…3) mientras se esfuerce cuanto le sea posible en seguir
esa conducta conforme a la razón, como los bienes que no posee están todos ellos
fuera de su alcance, de esa forma se acostumbre a no desearlos. Pues únicamente
el deseo, el arrepentimiento y las lamentaciones pueden impedirnos el contento”.
Creo que Descartes, después de haber recorrido el
camino de la verdad, comprobó que esa moral “provisional”, era actual y cierta.
Indudablemente la correspondencia epistolar que tuvo con Isabel de Bohemia,
tiene premisas fundamentales de la moral de Descartes, temas metafísicos,
interacción de alma y cuerpo, y la preocupación de cómo lograr la maîtrise de las pasiones para la
consecución de la vida feliz, contento supremo.
La relación estrecha que estableció Descartes con
Isabel de Bohemia, misma que se confirma en la correspondencia que
establecieron durante los últimos seis años de vida de Descartes, nos legó,
gracias a peticiones de la atribulada Isabel, que el propio Descartes reconoce En
respuesta a la carta precedente, en su obra “Las Pasiones del Alma, Descartes
escribe: “Pues, ya que no lo había compuesto sino para ser leído por una
princesa...”… y nota a pie de página 46 de José A. Mtz. Mtz. Se lee.- En
efecto, es el ruego de la princesa Isabel lo que lleva Descartes a examinar la
naturaleza de las pasiones y a escribir sobre ellas. Así, en el seguimiento de
la correspondencia se comprueba, el trabajo más acabado sobre moral y las
pasiones. De esta suerte, me permitiré hacer una modesta incursión en ese
estudio sistemático.
Para empezar diré, que la obra de Descartes está
dividida en tres partes: La primera, dedicada, a elucidar la naturaleza humana
de las pasiones, respondiendo a qué son, para qué sirven, cuál es su utilidad;
en suma, mediante leyes físicas y
funciones fisiológicas realiza la explicación de la naturaleza de las pasiones
en el alma. Ahí trata la relación mente(alma) cuerpo, considerada la línea
conductora de la propuesta cartesiana de las pasiones, La segunda parte,
dedicada al número y orden de las pasiones –la maravilla –admiración- y las
otras cinco originarias ( amor, odio, deseo, gozo, tristeza), y la Tercera
parte, la titula en general por Descartes, como “de las pasiones particulares,
pero podríamos justamente llamarla, tratado de la generosidad, remedio contra
los excesos de las pasiones, o “un remedio general contra las pasiones”.
Hay una condición reconocida por Descartes sobre la
naturaleza humana, que el sujeto se reconoce en su condición dual, por un lado,
en su consideración de la existencia de una mente –alma-, confirmada en el cogito, ergo sum; y por el otro, en el
reconocimiento de un cuerpo, máquina
viviente, que unidos forman al hombre.
Ahora bien, el análisis cartesiano de las pasiones,
implica la teoría de la interacción entre alma –mente- y cuerpo, puesto que
…la pasión vivencia afectiva interna que tiene lugar y
se manifiesta siempre relacionada con una acción exterior, se sitúa y produce
en la confluencia entre la res cogitans
y la res extensa configuradora del ser humano y mediante leyes física y
fisiológicas se comienza a realizar su explicación, ineludiblemente ofrecida en
el marco de las relaciones que se
establecen entre alma y cuerpo, puesto que nada obra más inmediatamente sobre
el alma que el propio cuerpo al que está unida.– Estudio preliminar en
PA-.
Imbuido en este contexto, Descartes inicia el análisis
de las pasiones. Escribe en el artículo I, que “lo que es pasión en relación
con un sujeto, es siempre acción desde otra perspectiva”, lo que nos lleva a
considerar la pasión como una pasividad respecto al sujeto que es afectado,
como las connotaciones que se establecen entre el cortar o quemar, que son
hacer, y diría, acciones; y el cortado o quemado, que es padecer, o pasiones,
en el sentido de consecuencia de otro algo. Pero para mejor definir lo que son
las pasiones, Descartes piensa que es pertinente distinguir las funciones del
alma de las del cuerpo. Descartes en los artículos dedicado a las funciones del
cuerpo, explica, mecánica y fisiológicamente sus movimientos, su autonomía,
destacando, que el error que se ha cometido para dar una respuesta
satisfactoria de las pasiones, radica en que se considera al cuerpo en dependencia
del alma, advierte al haber “comprobado,
desde nuestra infancia, que mucho de los movimientos obedecen a la voluntad,
que es una de las potencias del alma, esto nos ha predispuesto a creer que el
alma es el principio de todo. A lo cual ha atribuido la ignorancia sobre
anatomía y mecánica; pues, considerando tan sólo el exterior del cuerpo humano,
no hemos podido imaginar que tuviese en sí suficientes órganos, o resortes,
para moverse a sí mismo…Y este error se ha confirmado al haber creído que los
cuerpos muertos tienen los mismos órganos que los vivos, sin faltarle otra cosa
que el alma… si bien todos los movimientos cesan en el cuerpo cuando éste muere
y el alma lo abandona, no debe inferirse de esto que es ella la que los
produce, sino solamente que es una misma causa la que hace que el cuerpo sea
incapaz de producirlos y la que hace asimismo que el alma se ausente de él”.
-Descartes en Meditaciones, La descripción del cuerpo humano-, sin considerar
la autonomía del cuerpo. Seguido, Descartes atribuye que todos los movimientos
de los músculos, y de los sentidos, dependen de los nervios, que son
filamentos, pequeños tubos que vienen del cerebro, y contienen un cierto aire o
viento sutil, que los denomina “espíritus animales”. Actualmente, entidades
electromagnéticas.
Después de haber expuesto las funciones que pertenecen
al cuerpo, Descartes pasa a las que pertenecen al alma, cuya función es
establecida imperativamente por el cogito, ergo sum, “no nos queda que debamos
atribuir al alma, salvo nuestros pensamientos” –art.XVII PA-, y estos son o
accione o pasiones. Como dije el análisis cartesiano de las pasiones implicaba
la interacción entre alma y cuerpo, es así que sostiene, que las pasiones son
excitadas o causadas en el alma por el cuerpo. Consecuencia inevitable, lo que
en el alma es una pasión, en el cuerpo, una acción.
Más propiamente Descartes define como pasiones “a
todas las clases de percepciones o conocimiento que se encuentran en nosotros,
puesto que a menudo no es nuestra alma la que las hace tales como son y siempre
las recibe de las cosas que ellas le representan” –art. XVII PA-., más tarde
amplía su definición en el artículo XXVII “pueden definirse en general como
percepciones, sentimientos, o emociones del alma que se refieren
particularmente a ella, y que son causadas, mantenidas y fortalecidas por algún
movimiento de los espíritus”. Pero son percepciones como pensamientos que no
son acciones del alma, sentimientos porque son recibidas en el alma, que las
siente. Y más propiamente emociones, porque las pasiones son las más propensas
a moverla, agitarla o perturbarla. Claro que ese vehículo que es el cuerpo de
las pasiones, se establece por una recíproca interacción que se da entre alma y
cuerpo, y Descarte la ubica en la glándula pineal del cerebro.
Para Descartes todas las pasiones son buenas: En
correspondencia del primero de noviembre de 1646 a Chanut, “al examinarlas, las
he hallado casi todas buenas, y tan provechosas en esta vida que, si nuestra
alma no pudiese experimentarlas, no tendría ya motivo alguna para desear
seguida unida al cuerpo”. En principio, siempre y cuando no sean excesivas y
perturben las máximas establecidas para la buena –contenta- dirección del
espíritu. Así en su respuesta a las preguntas, para qué sirven todas las
pasiones y en qué perjudican, las responde en términos cuantitativos, es decir,
La utilidad de todas las pasiones consiste únicamente
en que fortalecen y hacen durar en el alma pensamientos, que ella hace bien en
conservar, y que sin esos podrían borrárseles con facilidad. Asimismo todo el
mal que pueden causar consiste en que fortalecen y conservan esos pensamientos
más de lo necesario; o bien en que fortalecen y conservan otros en los que no
conviene detenerse –art.LXXIV en PA-.
En el título que le di a este trabajo, use los
términos saber y querer, porque considero que Descartes en su estudio de las
pasiones, no se alejó de su afán de contribuir con conocimiento cierto de la
naturaleza humana y del mundo; para ello la pasión vino a constituir un motor
del conocimiento, y creo que más específicamente a través de la pasión, la
admiración, “Se puede decir de la admiración en particular que es útil porque
hace que aprendamos y retengamos en nuestra memoria las cosas que hemos
ignorado anteriormente” –art.LXXV en PA-. Creo que saber y querer son dos extremos
de una misma estructura del árbol de la verdad (Filosofía), alcanza de esta
manera, el dominio de sí del hombre, no tan sólo en el campo de las pasiones,
sino del conocimiento.
La admiración, es tratado por Descartes, en la segunda
parte de su tratado de “Las Pasiones del Alma”, donde anuncia que hay seis
pasiones primitivas, amor, odio, gozo,
tristeza, deseo y admiración, está última la define como “una sorpresa súbita
del alma, que hace que se dirija a considerar con atención los objetos que le
parecen infrecuentes y extraordinarios" ”art.LXX en PA- Y este asombro es
principio de conocimiento, puesto que permite conocer el objeto, fijar la
atención, y esta posición imparcial, no le impide que tenga fuerza que le da la
sorpresa. Esta tesis de la admiración (asombro) como el origen del filosofar
tiene sus antecedentes en Platón y Aristóteles. Descartes le atribuye a esta
pasión características particulares, pues no-refleja corporalmente su
existencia, porque su objeto es el conocimiento, pues esta “sorpresa tiene el
poder para hacer que los espíritus que están en las cavidades del cerebro se
encaminen hacia el lugar donde está la impresión del objeto que admiramos, y
los impulsa todos hacia él, y hace que estén ocupados en conservar esa impresión que ninguno pasa de ahí a los
músculos, ni al abdomen” –art. LXVIII en PA-.
En la tercera parte de su tratado, Descartes explica
la generosidad, como el dique de los excesos de las demás pasiones. Así que
para evitar que las pasiones agranden exageradamente sus objetos es necesario
estar dotado de generosidad, esto es, de un ánimo capaz de valorarse a sí mismo
y a los afectos que lo envuelven en la justa medida, precisamente porque su
esencia es voluntaria, paradójicamente, no tiene pasión, incluye el propio sentimiento
que el hombre tiene de su libertad, unida al mismo tiempo a la resolución de no
dejar nunca de obrar según lo mejor juzgado, de donde se desprende la
naturaleza virtuosa de la generosidad.
A manera de resumen, Descartes en el artículo CCXI da
un remedio general contra las pasiones, no sin antes considerarlas buenas, y
que sólo su mal uso o excesos las pueden convertir en malas, “pues
vemos que todas son buenas por su
naturaleza y simplemente tenemos que evitar su mal uso o sus
excesos…aunque he puesto entre esos remedios la premeditación y la aplicación,
por las que uno puede corregir los defectos de su naturaleza ejercitándose en separar en sí mismo los movimientos de la
sangre y de los espíritus de los pensamientos
a los que habitualmente se unen…cuando sentimos que la sangre se
altera así, debemos estar atentos y acordarnos de que todo lo que se presenta a
la imaginación tiende a engañar al alma……”. Descartes vuelve a repetir sus
máximas morales ya descritas en el discurso del método.
Descartes alejado del dogma y de la fe, irrumpe con un
método que mediante la duda hiperbólica llega a una verdad primordial e
indubitable, que le hace hacer uso pleno de la razón en la búsqueda del
verdadero conocimiento de la naturaleza
humana, y así poner en un primer plano la potestad de los hombres de hacer su
propia historia, sin la ayuda de un Dios que le absolviera de su
responsabilidad. Método que incluso le lleva a describir una razón de la
pasión, en suma, una razón de la moral, o una moral racional.
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