La salud mental: un concepto olvidado en los planes de gobierno[1]
El psiquiatra Juan Ramón
de la Fuente, ex rector de la UNAM, destaca que "los problemas de salud
mental han aumentado a escala global: psicosis, demencias, angustia, depresión,
suicidios e intentos de suicidio, así como trastornos asociados a la violencia
y a la pobreza, constituyen parte importante la demanda de los servicios de
salud". Según el informe del IESM-OMS los problemas de salud mental de la
carga "global alrededor del 12%, afecta hasta 28% de años vividos con
discapacidad y constituye una de las tres principales causas de mortalidad
entre las personas de 15 a 35 años debido al suicidio, por lo que no hay salud
sin salud mental".
Hay cifras que son
deprimentes de la respuesta que el Estado hace a los graves problemas de salud
mental que gradualmente vive la sociedad mexicana, por ejemplo, "que en el
2020, un millón y medio de casos de suicidios se consumaran, y que habrá 15
millones de intentos de suicidios, y será la juventud la población más
afectada. Hoy en México es la segunda causa de muerte en las mujeres. Y un dato
sumamente revelador es que uno de cada cuatro personas habrá de desarrollar un
problema psiquiátrico en un periodo de su vida, y que cada siete segundos se
presenta una demencia" (De la Fuente, J. R. 2015).
En México "el eje de
la atención de la salud mental es el tercer nivel, ejemplo de ello es que
existen –tan sólo– 46 hospitales psiquiátricos frente a 13 unidades de
internamiento psiquiátrico". Se cuenta con "544 establecimientos de
salud mental ambulatorio que ofrecen atención a 310 usuarios por cada 100 mil
habitantes, en contraste con los hospitales psiquiátricos que atienden a 47
usuarios por cada 100 mil. La mayoría de los pacientes son adultos, la población
de niños y adolescentes asciende a 27% en unidades ambulatorias, y a 6% en
hospitales psiquiátricos. De ese total Veracruz responde con un 2%", estos
espacios institucionales de atención a los problemas de salud mental no
reflejan la demanda del resto de la población, y principalmente, de los
jóvenes; esto tiene que ver con una carente cultura de la salud mental. Es pues
la juventud el sector de la población más afectada, puesto que el 50% de los
trastornos mentales inician a los 21 años de edad (Medina-Mora y Cols 2003;
2005). De acuerdo con otros estudios, 24.7% de los adolescentes se encuentran
afectados por una o más problemas de salud mental.
Veracruz no puede
eximirse de esa realidad si es que quiere tener una sociedad sana tanto física
como mentalmente, además que tiene que hacer un plus de esfuerzo ante la
precariedad económica que vive, y el espiral de violencia que padece. Por lo
que toda reingeniería, modernización, reformas del Estado, tienen que
acompañarse de una clínica, porque lo que estamos hablando es de una sociedad
enferma, y con miedo. Y es pues la juventud el tejido social más preocupante
que hay que atender. Hay que hacer hincapié que uno de los principales
problemas que aquejan a la población mexicana –y en particular en nuestro Estado–
es el suicidio, el cual de acuerdo con dados por el Inegi en 2005 reportó un
total de 3324 suicidios consumados, siendo los hombres quienes constituyeron la
mayor parte de la población suicida ya que representaron el 82.8% del total de
casos registrados y las mujeres el 17.2% del mismo total. La OMS (2012) estima
que cada segundo un ser humano trata de suicidarse en algún país del mundo. Y
cada 40 segundos un suicida cumple su propósito. Cabe mencionar que estas
cifras han aumentado año tras año en forma alarmante sin que contemos con
estrategias puntuales para atacar estos padecimientos. En nuestro país este año
se han registrado cerca de 5 mil 718 casos de suicidio, teniendo al estado de
Veracruz como uno de los primeros que presentan tal acción con 309 suicidios.
En 2012, el más reciente
estudio del Inegi reportó que Veracruz es la entidad con mayor número de
decesos como consecuencia de padecimientos mentales. Situación que se agrava,
cuando se estima que 25 de cada 100 personas se ven afectadas por alguno de
éstos padecimientos; entre los más comunes se encuentran: las fobias, la
depresión o trastornos producidos por adicciones; y ahora el miedo como un
problema de salud mental que hay que atender con urgencia. La capacidad de
respuesta por parte de las instituciones públicas parece estar rebasada, pues,
los mecanismos implementados resultan insuficientes. En ocasiones, la atención
parece perderse en la burocratización, ya que, según la información del
Instituto de Salud Mental del Estado de Veracruz, la cita se debe solicitar de
forma personal en la dependencia para acordar la atención en los días
posteriores, esto debido a la demanda. Por otro lado, un gran sector de la
población no cuenta con la capacidad económica para pagar un servicio privado y
con ello recurren a otras alternativas, entre las que destacan los libros de
autoayuda, que poco orientan y no se muestran como una solución real. Además,
existen personas que, por desconocimiento, ponen en riesgo su vida con otras
opciones como los medicamentos (controlados y no controlados). Con ello se hace
evidente que es necesario generar otras alternativas en materia de atención a
la salud mental, principalmente a los jóvenes.
Si observamos el contexto
quizás sea necesario revisar las líneas de acción y programaciones con las que
atajan el problema las instituciones públicas, lo cual nos lleva a darnos
cuenta que, actualmente, no hay una definición clara de la salud mental y
discusiones en torno a la temática. Además, en los últimos dos sexenios, la
planeación en este sector aparece como un sector poco focalizado, pues no
figura de forma clara y precisa en los planes de desarrollo veracruzanos. Ante
tal cuestión, tal vez sea necesario implementar mecanismos que busquen la
constitución de la salud mental desde un concepto multidisciplinar, en donde la
prioridad resida en la atención oportuna y profesional. Pero, para lograrlo, se
necesitan programas de investigación que produzcan líneas específicas de
atención a las necesidades de la población, con lo cual devengan planes de
acción adecuados para cada región de nuestro estado.
Consideramos que se debe
aprovechar el potencial y talento que posee el estado, en donde existen
profesionales de la salud con la experiencia necesaria para desarrollar líneas
de investigación y acciones pertinentes. Pero esto sólo puede lograrse si se
ponen en tema de debate conceptos como la salud mental y la atención brindada
por las instituciones públicas, pues, de este modo seremos capaces de
reformular conceptos y hacer más eficientes los servicios.
Con todo lo dicho,
dejamos un exhorto para que se generen líneas pertinentes para la atención a
los problemas de salud mental de los veracruzanos, y este concepto salga de ese
oscuro rincón en el que se le ha colocado y que nos permita reconocerle como un
foco rojo, que resulta hoy en día apremiante atender, ya que, de lo contario,
las instituciones de salud mental seguirán siendo lugares de reclusión y
exilio, sin posibilidades de cura y la población continuará sin la atención que
tanto necesita más en estos tiempos de zozobra.
Urge pues previamente una
salud mental para reconstruir lazos sociales confiables, afianzar los
ejercicios éticos de las políticas públicas, y acercar "la política"
a la gente como un instrumento para resolver sus problemas.
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