EL INCONSCIENTE FREUDIANO Y “LA COSA EN SI” KANTIANA
Impaciente
espero ser descubierto,
porque creo que todos debemos ser
delatados,
para
salvarnos del silencio.
Acercarse al campo psicoanalítico,
disolver en ese encuentro los fantasmas que produce el enigma, buscar algo más
que estructuras que hagan inteligible, audible el contacto con el mundo
externo, con el hombre. Por último descubrir algo nuevo del inconsciente, de
nosotros mismos; en suma, dejar que “las luces de la oscuridad sean los brillos
de la verdad”1.
Surge
como una rebelión a la primacía de lo consciente, de la vida; a lo godesco de
la verdad que se capta con la mirada; a la adversión de aceptar que la muerte
esta en la vida. Que se oye en la vida. Concluye lapidariamente, “¡escuchar el
silencio de la muerte, en medio del ruido de la vida!”2. En ese sentido, ese
saber se vuelve fatal; diría, apocalíptico y dramáticamente en una teoría del
desengaño, de desesperanza. Pues, siempre hay algo mas poderoso que el
principio de cura, de placer; la pulsión de muerte.
Necios
a aceptar que el centro ya no es la consciencia, la vida; que el centro, ahora
es agujerado por una falta, el inconsciente, la muerte. Inmediatamente se pone
prueba ese saber en una dimensión diferente, que le exige que hable con el
mismo lenguaje, que se ha usado hace mucho tiempo. El saber psicoanalítico ha
de hablar sin síntomas, se ha de hacer consciente. Ha de poder probar que hay
un saber que no se sabe, que no necesita ser sabido para que exista; es decir,
una “legalidad de la memoria del olvido”3. El primer recurso para fundamentar
esa subversión, es localizar dentro del genio, la sabiduría epistémica, o
reencontrar en la transferencia, la aversión o el amor que pudo crear esa bella
pieza de saber. O en último caso, buscar alrededor dela historia de las ideas,
lo que impregno ese salto intelectual que dio ser al inédito freudiano. Yo me
conformo con experimentar con lo postrero.
Voy
a realizar una excursión por alguna parte del campo de las ideas de Freud y
Kant. Voy a poner de frente la cosa en sí kantiana, con el
inconsciente freudiano, y los persuadiré para que nos cuenten sus avenencias y
discrepancias.
Una
vez Freud pregunto a Paúl Haberlin, si la “cosa en sí” de Kant, no era lo que
el, Freud, entendía por “inconsciente”. Textualmente en su trabajo sobre
Metapsicología, Freud nos proporciona una respuesta a esta pregunta: “Del mismo
modo que Kant nos invitó a no desatender la condicionalidad subjetiva de
nuestra percepción y a no considerar nuestra percepción idéntica a lo percibido
incognoscible, nos invita el Psicoanálisis a no confundir la percepción de la
consciencia con el proceso psíquico inconsciente objeto de la misma”4.
Desprendemos de este párrafo, las siguientes tesis; 1).-La condicionalidad
subjetiva de nuestra percepción; 2).-La no identidad entre la percepción y lo
percibido incognoscible; 3).- La diferencia entre la percepción de la
consciencia y el proceso psíquico inconsciente; 4).-Lo psíquico no necesita ser
en realidad tal como lo percibimos.
Las
proposiciones 1 y 2, propiamente son supuestos kantianos; la 3 y 4 son
freudianos. Presentar sumariamente los razonamientos que generaron tales
afirmaciones, y acercarlos para lograr el objetivo de éste trabajo, es la tarea
que a continuación haré en este escrito.
Kant
llamó a una revolución del modo de pensar, es decir, a hacer un viraje en el
problema del conocimiento. Ya la reflexión no arranca del objeto como de lo
conocido y lo dado, para poner luego de manifiesto cómo este objeto se desplaza
a nuestra capacidad de conocimiento; sino de la adecuación del objeto al
sujeto. La subjetividad que se deriva, no significa psicologismo, sino que toda
determinación del objeto de conocimiento debe ir precedido necesariamente por
la determinación de la forma pura del conocimiento que impone el sujeto; y esta
se llena con el material que la experiencia sensible le proporciona. Las
categorías fundamentales del entendimiento no se tratan de
conceptos innatos, pero si de leyes originarias del espíritu, leyes que,
naturalmente, sólo se revelan a nuestra consciencia mediante las observaciones
de los actos del hombre y, por tanto a través de la experiencia. Es así como el
conocimiento intuitivo de esas categorías, y en especial, las de espacio y
tiempo, nos hace accesible el mundo de los fenómenos.
Kant
habla de un conocimiento sensible. Los objetos del conocimiento sensible son
las cosas sensibles capaces de afectar a la sensibilidad del sujeto. En el
conocimiento sensible hay materia y forma: La materia es lo dado, o sea, las
sensaciones, lo producido por la presencia de los objetos sensibles; la forma,
en lo que coordina la materia, y es aportada por el sujeto, y en esto está la
condición del conocimiento sensible. Dos son esas condiciones, el espacio y el
tiempo. Conceptos con los cuales la sensibilia se convierte en objeto del
conocimiento. Estos conceptos son las intuiciones puras, hace mención también
de un conocimiento intelectual, conocimiento de objeto que no afecta a los
sentidos, conocimiento de intelligibilia. En suma, el conocimiento sensible es
conocimiento de objeto tal como aparece, sometido a las leyes de la sensibilia,
que son las condiciones a priori de espacio y tiempo; mientras que el
conocimiento intelectual es conocimiento de cosas tal como son. Es así, que la
receptividad del espíritu para con la impresión se llama sensibilidad y la
facultad de producir representaciones se llama entendimiento. La cooperación de
ambas facultades es necesaria para el conocimiento de objetos. “Sin la sensibilia
no nos sería dado objeto alguno y sin el entendimiento ningún objeto sería
pensado”5. Se conoce porque hay un sujeto que posibilita el acto de conocer a
través de sus estructuras puras, y que es capáz que le afecte el objeto. En
esto se fundamenta la subjetividad de nuestra percepción.
Kant
señala que aunque solo podemos tener conocimiento de objetos a causa de la
realidad fenoménica , esto no nos permite afirmar que sólo haya
fenómenos; “de hecho, si los objetos de los sentidos los consideramos
justamente como puros fenómenos, confesamos por esto igualmente que, en el
fondo de ellos está dada una cosa en sí misma, aunque no conozcamos como es
en sí, sino solamente su manifestación, esto es, el modo como nuestros sentidos
son afectados por ese algo desconocido. El entendimiento pues, precisamente
por lo mismo que admite fenómenos, confiesa también la existencia de cosas en
sí mismas y, en tanto, podemos decir que la representación de tales seres, que
están dados en el fondo de los fenómenos y, por tanto, son meros seres
inteligibles, no solo es admisible sino también inevitable”6. Es así como Kant
introduce la idea de cosa en sí , como algo que está atrás de
los fenómenos, es decir, como la otra cara de una moneda, puesto que nosotros
vemos solo una cara, que es la que nos afecta la vista, también es admisible
pensar que hay otra cara al reveso. Pero al hablar de dos caras de la misma
moneda, no estamos hablando de una diferencia de naturaleza objetiva sino
subjetiva, de otro modo, “… la cosa en sí no es un ente diferente del fenómeno,
es decir, la diferencia de conceptos relativos a la cosa en sí y a la cosa en
tanto que fenómeno no es objetiva sino solamente subjetiva. La cosa en sí no es
otro objeto, sino otra relación de la representación respecto al mismo
objeto”7. Kant bifurca los sentidos en que se puede entender el concepto de
noúmeno: dice, “si por noúmeno entendemos una cosa, en cuanto esa cosa no es
objeto de nuestra intuición sensible, y hacemos abstracción de nuestro modo de
intuirla, tenemos un noúmeno en sentido negativo. Pero si entendemos por
noúmeno un objeto de una intuición no sensible, entonces, admitimos una especie
particular de intuición, a saber, la intelectual, que no es, empero, la
nuestra, y cuya posibilidad no podemos conocer; y este sería el noúmeno en
sentido positivo”8. Así, “la teoría de la sensibilidad es al mismo tiempo la de
los noúmenos en sentido negativo, es decir, la de cosas que el entendimiento
debe pensar sin al relación con nuestro modo de intuir, y por lo tanto no sólo
como fenómenos, sino como cosas en si mismas”9. Lo que conocemos por la
percepción sensible limita el conocimiento del objeto en
cuanto tal, sólo nos permite conocer el noúmeno, y esto no iguala a la percepción
con lo percibido, conocemos lo que nos deviene de la percepción; mas no
logramos agotar el conocimiento de lo percibido , diría, nos
quedamos con un representante de la cosa, la percepción, al final creo que la
cosa en sí , no sea otra cosa que una relación de la
representación respecto al mismo objeto.
Consciencia
es la cualidad momentánea que caracteriza las percepciones externas e internas
dentro del conjunto de los fenómenos psíquicos. Describiendo como Freud, diré,
la conciencia es la función de un sistema, el sistema percepción-conciencia. Es
así, que consciente es la representación que se halla presente en nuestra
consciencia y es objeto de nuestra percepción y nombraremos inconsciente a
aquellas representaciones latentes de las que tenemos algún fundamento para
sospechar que se encuentran contenidas en la vida anímica como sucedía en la
memoria. De esta forma, una representación inconsciente será una representación
que no percibimos, pero cuya existencia afirmamos, basándonos en indicios y
pruebas de otro orden: el sueño, actos fallidos, el chiste, los síntomas
neuróticos, etc. Esto llevó a Freud a demostrar que hay procesos psíquicos
diferentes a los conscientes, y estos son los procesos inconscientes, procesos
que operan con la misma fuerza que los conscientes en la vida anímica, , y al igual, que las ideas patentes conscientes tienen la
misma fuerza, y que la presencia de tales ideas latentes juega un papel
fundamental en la vida psíquica del individuo.
Con
ello quedó manifiesto que lo inconsciente es una fase regular e inevitable de
los procesos que cimientan nuestra actividad psíquica, sin embargo, su
operatividad es diferente al proceso consciente. En estas circunstancias, la
irrupción del inconsciente viene a quitarle la omnipresencia de lo consciente
en la vida anímica, esto obliga a considerarla tan solo como una cualidad de lo
psíquico que puede añadirse a otras cualidades eso puede faltar. Ahondando en
el descubrimiento del inconsciente, podemos comentar que para Freud el inconsciente
es producto de la represión, pues lo reprimido es el modelo de lo inconsciente.
Ahora bien, “el proceso de represión no consiste en suprimir y destruir una
idea que representa el instinto, sino impedirle hacerse consciente”10. Lo
reprimido es una parte de lo inconsciente. Este proceso que no impide hacer
consciente la idea o el afecto, no ahoga el habla del inconsciente; es decir,
el inconsciente hace uso de otro medio para hacerse escuchar, sentir; así, el
sueño constituye el ejemplo de cómo el inconsciente se hace presente; de igual
forma, los síntomas neuróticos se desempeñan como portavoces del inconsciente.
Con lo anterior, podemos ver que hay una diferencia entre percepción de la
conciencia y el proceso psíquico inconsciente, y que lo psíquico no es tan sólo
lo consciente.
La
conclusión a la que puedo llegar, es que el concepto de la cosa en sí
kantiana tiene cierto paralelismo con el concepto inconsciente
freudiano. Aunque es preciso señalar que son conceptos que se desarrollan en
ámbitos diferentes, e perspectivas diferentes y que sirven para hablar de
campos diferentes del saber. Así podemos concluir:
La cosa en sí y el inconsciente son nociones epistémicas que escapan a
la percepción. Sólo son conocidas por las manifestaciones o representantes: la
cosa en sí es especulada por el advenimiento fenoménico del conocer; y el inconsciente
es inferido por las manifestaciones “irracionales o locas del hombre”: el
sueño, el chiste, los actos fallidos, la psicopatología de la neurosis.
La cosa en sí completa la teoría del conocimiento kantiana, y como
algunos señalan, su concepto de noúmeno es un concepto límite, pues limita el
campo fenoménico que produce el saber. La cosa en sí, es incognoscible desde la
condicionalidad de la sensibilia al
conocer; sólo nos es permitido conocer a través del mundo de la sensibilia. Así el uso trascendental de
la cosa en sí se reduce a limitar el campo del fenómeno, a crear objetos del
pensamiento. De esta forma, Kant reconoce en la Crítica de la Razón Pura,
“ciertamente no hemos podido demostrar que la intuición sensible sea la única
intuición posible en general, sino sólo que lo es para nosotros”11. Me tienta
la idea que la cosa en sí kantiana, sea, como dice Heidegger, una relación de
la representación respecto al mismo objeto, En contraste, el concepto del
inconsciente freudiano, quita del centro a la conciencia, y asume el centro de
una manera determinante puesto que se erige como la parte fundante de la
actividad anímica-psíquica, el inconsciente llena el centro con una falta,
vuelca la atención de la consciencia hacia esa falta hacia el deseo escondido,
camuflajeado.
1,2, y 3.- APUNTES -19 DE NOVIEMBRE DE 1995-.
4 Y 10.- SIGMUND FREUD, EL MALESTAR EN LA CULTURA. ALIANZA
EDITORIAL P. 171,165.
5.- FREDERICK COPLESTON, HISTORIA DE LA FILOSOFÍA. ARIEL, P.238.
6.- KANT, PROLEGOMENOS A TODA METAFÍSICA DEL PORVENIR. PORRUA
P.64.
7.- MARTIN HEIDEGGER, KANT Y EL PROBLEMA DE LA METAFÍSICA. F.C.E.
P.37.
8 Y 9.- KANT, CRÍTICA A LA RAZON PURA. PORRUA. P.150, P.149.
BIBLIOGRAFÍA
1.- APUNTES
2.- SIGMUND
FREUD, OBRAS COMPLETAS. AMORROTU EDITORES, TOMO
XIX
3.- SIGMUND
FREUD, EL MALESTAR EN LA CULTURA. ALIANZA
EDITORIAL.
4.- NICOLA
ABBAGNANO, DICCIONARIO DE FILOSOFÍA. F.C.E.
5.- FREDERICK
COLESTON, HISTORIA DE LA FILOSOFÍA. ARIEL,
TOMO 6.
6.- MARTIN
HEIDEGGER. KANT Y EL PROBLEMA DE LA METAFÍSICA.
F.C.E.
7.- KANT,
CRITICA A LA RAZON PURA. PORRUA.
8.- KANT,
PROLEGOMENOS A TODA METAFÍSICA DEL PORVENIR
PORRUA.
9.- ASSOUN,
FREUD, LA FILOSOFÍA Y LOS FILÓSOFOS. PAIDOS.
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