El Absurdo
Faustos
impropios, en esencia nuestros.
Era de día
cuando la vi sonreír, bella, en palabras de anhelo, hermosa perfección. Su
cuerpo daba sentido y referencia al concepto “bello”.
Con sus ropas
trataba en vano cubrir lo prohibido por la moral de todos los tiempos.
Lentamente
caminaba y su andar incitó la hambruna de placer que embriagaba mi ánimo, me
provocó un decir, ¡qué tal!, que conectó nuestros espíritus en una consonancia
infinita, un estar dos en un solo ser.
Cuando logré
sentirme, me salió un silbar sin intención, y mi alma sufrió una experiencia
mística.
Me atormenté
como un vulgar dictador, en querer ser absoluto en su posesión, cortejo
natural, me obsesione tocando su piel y sus cabellos que se desprendían como
cascadas sagradas.
De repente
salí a su paso y le pedí ser su sombra, su idea perdida.
Panu-
¡Mujer! Abre
paso a mi voz en tu entendimiento. Soy la luz que una vez soñaste, luminosidad
que ansiabas para tus viajes por los infiernos del pensamiento.
Cosima-
¡Hombre! Me
llamo Cosima. He oído de ti en la
historia terrenal. Al reconocer la supremacía del verbo te obsequio sin
pretexto mi fe.
Panu-
Cosima. Mi
nombre es Panu. El diálogo contigo sucumbe mi libertad y me hace preso de tu
crónica. Soy un pecador, un mercenario que trafica con una nueva lógica y
traiciona al mundo al hablarte. Cosima, la fragancia de tu sabiduría me hace recordar que la preñez de mi ser está
congelada, estancada en la duda y en las ansias por conocer lo claro y
distinto, la luz. Creo poder robarte la gracia y darte un regalo inmoral. ¡Mi
vida!
Cosima-
Gran
insatisfacción te causa la vida, ¿Acaso no has podido prever las categorías del
ser? En oriente miraron la verdad por una rendija y no se atrevieron a
aprenderla. En occidente se atrevieron y exploraron las veredas de la razón y
se hicieron inmorales. Con miel en los labios te invito a revolcar tu sangre
con la tierra, a conjugar infinitamente tus ideas y ser lo último en morir al
ocaso.
Panu-
Acepto tu
invitación. ¿Sabes? Me aventuré a pensar que tus pensamientos no lograban ni
siquiera definir lo establecido. Pero he de reconocer que se extienden más allá
de lo dado y retan la costumbre.
Cosima, al
salir a remojar la lengua a donde el agua está petrificada, es igual que luchar
con madera contra el muro de pasiones que envuelven a la humanidad, es aguantar
el deseo de ser “lo otro”, es la muerte del águila azteca.
Querida,
debo confesarte que soy un leño que fue cortado del árbol de la vida, después
fue tirado al olvido sin que supiera que formaba parte de la gran explosión que
dio realeza al universo. Soy cómplice del crimen de lo humanamente humano, del
asesinato del valle.
Cuando vi
rodar tus lágrimas por tus mejillas me di cuenta que eras la parte cierta que
la filosofía andaba buscando para terminar el rompecabezas de la realidad.
Cosima,
acepta a hablar por el sólo placer de hablar, sin temas ni reglas, sin
principio ni fin.
Cosima-
¡Formidable
propuesta! Acepto con gusto, pues representas al responsable del destino del
punto. ¿Eres el estallido de la certeza?
Panu, me
asusta saber que puedo descubrir todo el mundo con el simple observar del canto
de una cigarra.
¡Tienta mi
piel!, es hierba viva que siente tu calor, perdón, quise decir tu color.
Mi vista me
lleva a regatear por el alto precio de lo sagrado, ¡Tu cuerpo!, tu real
persona.
Debes
entender que la muerte es pasar en oración a la inmortalidad del acto puro de
la acción de un dios mortal. Excelente oportunidad de los mortales asemejarse a
su crea-d-o-ere.
Panu-
¡Mira! Mis
ojos ya no lloran, el corazón tomó el sitio de la posguerra, la guerra entre el
bien y el mal ha concluido.
Un antiguo
malestar aparece. El Gallo, símbolo de la resurrección, habla.
Gallo-
Si le dijese
que la realidad es la acción del escape de un gato por la ventana. Que la
erudición del intelectual se consume con el sólo concepto “fuego”. Que toda
idea genial es simplemente las plumas de un buitre. ¿Qué dirían? No me
contesten. Mejor les propongo un juego que se llama “el absurdo”. Se juega de
la siguiente forma. Cuando se les pregunte por la definición de una palabra,
ustedes lo harán definiéndola de la forma más “absurda”, in-convencional, y así
cada quien brotará como flores incoloras en plenas primaveras invernales.
Empiezo,
Panu, ¿libro?
Panu-
Deleite de
una monja puliendo un piso. ¿Rojo?
Cosima-
Ensueño de
un cajón. ¿Ratón?
Gallo-
Saber de
zorro, quietud bendita. ¿Locura?
Panu-
Suelto el
aliento, sello la razón y cuando la tentación instigue, reacciono por deber al
músculo. Ese comportamiento es la verdadera realización de nuestra evolución
psíquica, es la transformación de los siervos en amos, es volverse poesía
orgánica. En ese estado balbucean los límites de la verdad. Por cierto,
¿Verdad?
Cosima-
En una
ocasión me introduje en mi misma, pasó una hora, un minuto, se enlazaron los
meses con los años, me divertía tocando el polvo celestial, mirando algo
escrito en una pizarra pueblerina; acostándome sin sentir la cama, prendiendo
la estufa con sólo pronunciar, deambulando por las calles de las grandes
ciudades, pervirtiéndome con carnes ajenas. Sentía el mundo a mis pies.
¡OH!, ese
mundo que creía poseer se disolvió al despertarme, al topar con las paredes de
mi cuarto. Mi casa comenzó a despedir olores fétidos, y la llamada verdad quedó
atrapada en una telaraña, la in-feliz araña que se la comió murió por demasiada
existencia. Por un momento me quedé asilada, inerte, muerta de miedo. ¿Moral?
Gallo-
Deseo
agregar una parte que hemos olvidado del juego. Ustedes no me han preguntado
cuándo se gana o se pierde en éste juego. Pierde aquel que defina con precisión
“científica”. La imperturbabilidad del eclipse en su advenimiento natural es la
señal del triunfo. El premio es la conformidad del espíritu con su lucha contra
el tiempo. ¿Moral? Extasiado me asolaron remolinos de jubilosos colores. La
selva devoró mi quijada. La aldea donde dejé caer mis impresiones era la ciudad
de dios, ahí se fabricaban las reglas morales que después serían enviadas a los
hombres para que se conduzcan con “honestidad”, para que no se maten unos a
otros, una de ellas se encontraba escrita a la entrada de la ciudad, ¡ama a tu
prójimo como a ti mismo!, o sea ser el otro. De pronto, me quedé pasmado ante
el estupor de un grillo reteniendo el aire me escuchaba. Al alejarse, dijo,
“aquí no hay lugar para la rebelión del relámpago.”
Antes que el
gallo continuara con la siguiente pregunta, Panu, interrumpió nerviosamente.
Panu-
Se me fue el
aliento, mis manos me quieren ahorcar, quiero salvar a mi madre de la soledad y
contribuir a la paz de la humanidad. El juego en que nos introdujo el Sr. Gallo
es diabólico, pervierte el lenguaje y nos hace perder el “orden” y la
“racionalidad”. El mundo es más simple que el signo.
Todos los ruidos,
pláticas, chillidos, perdieron dialéctica. El silencio comenzó a poner orden a
la insolente contingencia. La niña muda sacó su pañuelo y secó sus oídos de las
blasfemias que había presenciado. La benevolencia del supremo salvó las almas
de los protagonistas, ellos, nosotros, y guió sus lenguas hacia la religión
infiel.
Se dejó
escuchar una canción popular:
...amarías a
tu ser...
...amamantarías
al hombre toda tu vida...
...aquí la
tierra clama justicia...
...aquí el cuerpo clama castigo
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