Consideraciones sobre el superyó de la mujer


Impaciente
espero ser descubierto,
porque creo que todos debemos ser delatados,
para salvarnos del silencio…

Preámbulo

En las lecturas que hice para la elaboración del presente trabajo, encontré algunos autores que me sugirieron pensamientos relacionados con el tema que voy a desarrollar, y por el momento, ejemplifican algunos aspectos y denuncias que deseo destacar. Por ello, me sirvo de las siguientes citas textuales como preámbulo:

71. Sobre la castidad femenina. Hay algo sorprendente y monstruoso en la educación de las mujeres… Todo el mundo está de acuerdo en educarlas dentro de la mayor ignorancia posible en cuestiones eróticas, para inculcar en sus almas un profundo pudor respecto a esta materia… Está tan en juego aquí su “honor” de las mujeres, ¡qué no se les perdonaría que obrasen de otro modo! … en esta cuestión se les mantiene en la ignorancia hasta en lo más íntimo de su corazón: -no deben tener ojos ni oídos, ni palabras, ni pensamientos respecto a lo que sería su <>: Pero luego, en el momento del matrimonio, son arrojadas como por un rayo horrible a la realidad y a la conciencia de la realidad- y además por aquél a quien ama y a quien más estima: la cuestión está en captar de pronto la contradicción que existe entre el amor y el pudor, en verse obligadas a experimentar a un tiempo, arrebato, auto sacrificio, vecindad que hay entre Dios y el animal… Ni la curiosidad compasiva del más sabio conocedor del corazón humano bastaría para adivinar la situación en que se encuentra tal o cual mujer en esta solución del enigma y ante el enigma de esta solución: ¡y qué horribles y múltiples sospechas se agitarán en esa pobre alma desquiciada, hasta el punto de que en esta cuestión se ancla la filosofía y todo el escepticismo de la mujer!  Tras esto vendrá el mismo silencio profundo de antes, y a menudo un silencio para consigo misma y un cerrar los ojos frente a lo que ocurre en su interior. Las jóvenes se esfuerzan por mostrarse superficiales e irreflexivas; las más perspicaces fingen una cierta insolencia- Las mujeres tienden fácilmente a considerar a sus maridos como interrogantes acerca de su honor y a sus hijos como una apología o una penitencia- necesitan hijos, y los desean en un sentido completamente distinto al varón. En suma, ¡no se sabría ser lo bastante tierno con las mujeres! –1876-1882, La Gaya Ciencia, Friedrich Nietzsche-

Es indiscutible que la belleza masculina  no ha sido suficientemente dibujada por las únicas manos que pueden dibujarlas, las femeninas. Siempre me da gusto oír de una nueva poetisa. Si no imitaran los poemas de los hombres, ¡lo que se podría descubrir ahí! –F-1077, 1776-1780, Aforismos, Georg Christoph Lichtenberg-

Desecho con violencia la imagen: Ofelia tiene diecinueve años y es una señorita y yo tengo diecisiete, aunque soy un poco más alto que ella. Sólo me besaría como se besa a un niño que se ha hecho daño y yo quiero ser todo un hombre, y como tal no puedo yacer indefenso en la cama y dejarme cuidar por ella. ¡Sería infantil y afeminado! –1921, El Dominico Blanco, Gustav Meyrink-

El desarrollo del psicoanálisis, en sus diversas corrientes, ha esforzado más y más el papel de las relaciones de objeto, del otro, de los padres, de los adultos en la constitución y estructuración de la subjetividad…cualquiera de estos marcos de comprensión de la constitución de la subjetividad sitúa al otro humano como constructor; pero simultáneamente como factor distorsionante, perturbador, abusador de la singularidad, del deseo, del instinto –1997, La Sexualidad Femenina, Emilce Dio Bleichmar-

La cita de Nietzsche me permite enunciar ese lado extraño, enigmático, escéptico, irreverente de la mujer, que el propio Freud, describe como rasgos del carácter de la mujer, y que él los atribuye a la modificación de la formación del superyó[1]. Además, en la cita se puede leer a nuestro favor, el puntual sesgo represor del género (educación, instituciones culturales, padres, sociedad, en suma, influjo exterior), en la configuración de su singular comportamiento de la mujer como ser femenino.

Las citas de Meyrink y Lichtenberg, son ejemplos de discursos a priori de la diferencia del género femenino, un discurso un tanto opresor e insuficiente para describir a la mujer en su singularidad.

La última cita, representa la nueva tendencia epistemológica, no tan sólo para los estudios de la mujer, sino del mismo psicoanálisis, en su empresa por definir la psique humana. Nuevos constructos epistémicos que nos advierte de los poderosos influjos del otro, de la intersubjetividad, en la configuración del destino psíquico del hombre.

Tentativa

Destacar como falto definir el superyó de la mujer como débil, heredero de un prolongado e incompleto complejo de Edipo, y que en la mujer sólo hay una prolongación narcisista de un ideal del yo. Para entender ese carácter atípico de la mujer, es necesario introducir los sesgos de género[2] para su cabal comprensión, puesto que el superyó tiene su génesis en las identificaciones primarias que se establecen en la temprana infancia (sin-palabra), y es ahí donde la mujer, en esa etapa padece más censura o represión del lado de la cultura, es decir, del género; que del destino, aun cuando se reconozca que éste último, es constitutivo inevitable de la mujer como ser humano y contribuye también en la subjetividad y en el establecimiento de la mujer como ser sexuado[3].

Subjetividad e Intersubjetividad

Se define: “subjetividad (del latín subiectivus, que se refiere al sujeto)  inherente al sujeto humano…se utiliza como sinónimo de «autoconciencia» o «conciencia» de sí mismo por la que el hombre se percibe como una unidad siempre idéntica y diferenciable respecto de los demás seres u objetos del mundo. Mediante esta conciencia de sí el hombre es sujeto en un mundo de objetos; el objeto es o existe sin más, mientras que el sujeto establece de un modo consciente relaciones y finalidades…aun los datos inmediatos de la conciencia deben interpretarse en una relación de intersubjetividad con los demás”.

“Intersubjetividad. En general, consenso entre individuos acerca de la verdad, de un enunciado. Una afirmación así obtenida se llama intersubjetiva por cuanto es considerada verdadera por varios sujetos humanos…Hegel precisa con mucha mayor claridad la constitución del individuo o del yo humano -del espíritu humano- a través de esta interacción o mediación dialéctica: el espíritu humano es reconocimiento mutuo, exige  reconocerse como persona en la persona del otro en el ámbito del lenguaje, de las relaciones sociales, del trabajo en especial, y en los diversos grupos sociales, incluido el Estado (la dialéctica del amo y el esclavo)…Husserl escapa de la subjetividad del «yo pienso» mediante el conocimiento de los «otros yo» que son parte esencial de la intencionalidad; nada puede considerarse objetivo si no forma parte por igual de la conciencia intencional de otros”[4].

Rescato estas definiciones para destacar los siguientes términos, conciencia de sí, es decir, unidad idéntica y diferenciable, pero en dependencia del otro, es decir, que para que el yo se constituya como tal debe tener el reconocimiento –en una identificación- del otro (Hegel), intencionalidad del otro (Husserl)[5]. Por ello, lo que caracteriza al ser humano para su asunción al reino de lo simbólico, a la vida subjetiva, a la conciencia de sí, a su diferencia, es su dependencia recíproca al otro; constitución de un sujeto a partir de su confirmación en el otro, otro que tampoco queda exento de esa mortal dependencia e identificación, de esa confirmación vital, En esa búsqueda inútil, en esa felicidad exigua, el sujeto requiere de ese tesoro de significantes que le dé el pase al reino de lo transmisible, en suma, que le permita lanzarse a la vida, al deseo, aun cuando en ese salto quede cada vez más cerca de su no-ser. En otros términos, identificarse y en esa identificación realizar la transacción correspondiente que garantice la perpetuidad del individuo en la herencia de la especie.

Ahora bien, algunos autores subdividen la intersubjetividad – (las acciones recíprocas y las transacciones de las intencionalidades)- en primarias y secundarías (Travarthen, 1980), para distinguir entre las respuestas primarias interactivas que los bebés están en condiciones de desplegar ante la figura de apego, y que se define por la capacidad de compartir la misma experiencia emocional que tiene el otro. La intersubjetividad secundaria…se aplica a la gradual comprensión que adquiere el niño de que las experiencias subjetivas interiores, los contenidos de la mente, pueden potencialmente compartirse con algún otro (1997, Dio Bleichmar)

Formas de compartir y sentir que tiene el infante, aún antes que aprenda el uso del lenguaje y la complejidad paranoica del discurso del adulto <>. Esto nos posibilita señalar que en el desarrollo de la cría humana, dada su indefensión y disimetría, el adulto, el otro,  constituye un elemento fundamental para la construcción de su psique, puesto que en esa identificación hay una introyección de ese otro que viene a formar parte de la propia estructura psíquica del niño/a. El propio Freud, señalaba que esas primeras etapas tempranas en el desarrollo del sujeto son vitales para la configuración de su estructura psíquica[6].

Dejemos ahora, sentada la importancia del discurso del otro, de las instituciones simbólicas, como poderes estructurantes de la subjetividad  humana, y vayamos al concepto de género.     


Género

Se dice del género que refiere a un conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes, identidad en la diferencia. Así el uso del género que refiere a la subjetividad remite a dos convenciones: masculino y femenino. De esta manera, las interacciones vinculares tempranas entre bebés y figuras parentales de crianza desempeñan un papel muy significativo en la determinación ulterior de la conducta sexual y en la organización de la identidad de género consecuente. Entendemos que el papel de género que asignan los cuidadores a los niños y niñas, así como las propias orientaciones sexuales conscientes e inconscientes de las figuras parentales de crianza, propician la huella del género netamente definido, que combina el papel del estilo de apego logrado en la figura primera materna y posteriormente paterna, o sus sustitutos[7].

John Money define género como “el dimorfismo de respuestas ante los caracteres sexuales externos como uno de los aspectos más universales de vínculo social”[8], es decir, la respuesta subjetiva a la par femenino/masculino, a la luz rosa o azul, que pone en marcha la maquinaria intersubjetiva para consolidar a priori la identidad del recién nacido. En palabras más precisas,

El fantasma de género es componente obligado del fantasma de hijo/hija que toda pareja de padres poseen, despliegan e implantan en el cuerpo recién nacido y que acompañará la relación con el mismo toda la vida…e instituyendo de esta forma la feminidad/masculinidad de ese cuerpo. (Dio Bleichmar,1993)1994[9]

Antes de abordar las intelecciones freudianas sobre el superyó femenino, heredero del Complejo de Edipo, proceso de transacción, reafirmemos que es de sí propio de la naturaleza humana la intersubjetividad, que permite reconocerse recíprocamente en el otro. Subjetividad determinada por las bases simbólicas que contienen los discursos de los que están más cerca del niño/niña, para ello hay que observar el proceso de intercambio que hace las crías[10], para comprobar la presencia de la interdicción que opera desde el concepto género para la constitución de la identidad en el sujeto.

Enfatizar la importancia que tiene la intervención de los otros (instituciones simbólicas), desde el género, en la constitución de la identidad del sujeto, nos permite decir que la sexualidad es posterior al género, tanto es así que en las etapas preedípicas de la identificación primaria, el niño/niña establece  y entiende los roles de género femenino/masculino, mucho antes de los deseos, y de las funciones propiamente sexuales. Roles de conductas y representaciones que marcan la identidad del ser humano.

Superyó Femenino

La escisión del sujeto en el psicoanálisis tiene su vértice en el complejo de Edipo, mito fundante del inconsciente psicoanalítico. Así todo lo referente psíquico del  hombre y de la mujer, remite a la teoría del desarrollo que se rige por el complejo de Edipo  y la angustia de castración.

En la segunda tópica freudiana anunciada en la obra El Yo y El Ello, el Yo se define en torno a sus funciones (potencias): 1-Establece el ordenamiento temporal de los procesos anímicos y someterlos al examen de la realidad, 2-Mendiante la interpolación de los procesos de pensamientos  consigue aplazar las descargas motrices y gobierna los accesos a la motilidad, 3-Con la ayuda del superyó, se nutre, de una manera todavía oscura, de la experiencia de la prehistoria almacenada en el Ello; y sujeciones (servidumbres) peligrosas: 1-De parte del mundo exterior, 2-De la libido del Ello, 3-De la severidad del superyó. Por eso Freud, dice que el Yo tiene una posición parecida a la de un monarca constitucional sin cuya sanción nada puede convertirse en ley, pero que lo piensa mucho antes de interponer su veto a una propuesta del parlamento. Strachey en su introducción a la obra El Yo y El Ello, advierte:

Todas las funciones del sistema Cc (Prcc), como habían sido enumeradas en <> y que incluye la censura, el examen de realidad, etc., son asignadas ahora al <>. Pero el examen de una de esas funciones, en particular, habría de dar trascendentales resultados: se refiere a la facultad de autocrítica. Ella y su correlato, <>, habían atraído el interés de Freud desde las primeras épocas[11].

Aun cuando el término <<über.Ich>> propiamente fue introducido por Freud en El Yo y El Ello, podemos rastrear su génesis, desde obras como Introducción al Narcisismo, Psicología de las masas y análisis del yo, entre otras.

Primero ubicó esta censura, autocrítica, del lado de los estados patológicos como la melancolía[12], la neurosis, posteriormente, reconoció que ese estado era común a la estructura psíquica de cualquier sujeto[13].

Como sabemos en su obra antes mencionada, podemos encontrar la elaboración más completa del desarrollo del superyó, pero es, en “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos,”, donde Freud trata el superyó de la mujer. Ahí enuncia lo siguiente:

Uno titubea en decirlo, pero no es posible defenderse de la idea de que el nivel de lo éticamente normal es otro en el caso de la mujer. El superyó nunca deviene tan implacable, tan impersonal, tan independiente de sus orígenes afectivos como lo exigimos en el caso del varón. Rasgos de carácter que la crítica ha enrostrado desde siempre a la mujer –que muestra un sentimiento de justicia menos acendrado que el varón, y menor inclinación a someterse a las grandes necesidades de la vida; que con mayor frecuencia se deja guiar en sus decisiones por sentimientos tiernos u hostiles- estaría ampliamente fundamentados en la modificación de la formación de su superyó que inferimos en las líneas anteriores[14].

Y las líneas anteriores a las que adujo Freud, hace la explicación de cómo la mujer sale de forma diferente al varón del complejo de Edipo, y es en este donde encuentra la diferencia entre el superyó de la mujer con respecto al del hombre. Las restricciones de Freud en cuanto al superyó de las mujeres conciernen al superyó post-edípico y no al superyó precoz, materno (M. Klein).

Freud sostiene que el complejo de Edipo es asimétrico en los sexos: el varón sale del complejo de Edipo por efecto del complejo de castración, mientras que la niña entra a él a causa de este mismo complejo, el punto capital es la angustia de castración y, para Freud, ella falta en las mujeres: la amenaza de castración.La amenaza de castración no tiene objeto para ellas, pues carece de órgano real que la motivaría. Con la eliminación de la angustia de castración cesa también una poderosa razón para la estructuración del superyó y para la demolición de la organización genital infantil[15].

La formación del superyó en el hombre es consecutiva a la disolución del Complejo de Edipo, la renuncia a los objetos incestuosos, renuncia a la demanda incestuosa. El superyó es una formación sustitutiva que se instala en el lugar del lazo edípico, hay un superyó siempre y cuando el lazo objetal, el lazo amoroso con los objetos parentales, haya quedado destruido. Puesto que la angustia de castración pone fin al lazo erótico con la madre, así como el lazo amoroso con el padre, el complejo de Edipo se disuelve y solo deviene los ideales y prohibiciones en el superyó.

La mujer, por el contrario, el complejo de castración, ligado a su carencia del órgano del pene, crea el complejo de Edipo y lo mantiene:

El deseo de pene impulsa a la chiquilla a desprenderse de su madre y a refugiarse en el puerto de la situación edípica. Con el miedo a la castración, desaparece también el motivo capital que había forzado al varón a superar el complejo de Edipo. La niña conserva este complejo por un tiempo indeterminado, lo supera mucho más tarde y en forma incompleta. El superyó, cuya formación en estas condiciones se ve comprometido, no puede alcanzar ni la potencia ni la independencia que, desde el punto de vista cultural, le son necesarias.[16]

El superyó y el lazo con el padre se hallan entre sí en relación inversa: el superyó se forma en la medida en que el lazo con el padre se disuelve.

Hasta aquí la argumentación freudiana en torno al superyó en la mujer.

Ahora bien, en líneas generales podríamos decir que hay dos fases fundamentales por las que atraviesa el sujeto para la constitución de su superyó, tanto hombre como mujer: Una fase preedípica y otra fase edípica. En la fase preedípica no hay una concepción del niño/niña del padre y de la madre como marido y mujer, sólo esa apreciación sexual se da en la fase edípica, donde ocurre propiamente el conflicto edípico, donde el complejo de castración impone su ley. Así en la primera fase hay identificaciones primarias, catexis de objeto, especular, donde la cría humana es capaz de entender perfectamente los roles de género femenino/masculino[17], y en la segunda, ocurren las denominadas secundarías, elecciones de objeto sexual, genital. De esta manera, en la primera fase se instaura un narcisismo autoerótico, y un ideal del yo, que después, superada la fase edípica por la amenaza de castración, adviene en un superyó, quien viene a ser heredero del complejo de Edipo. En la segunda fase se da la represión del lado de la amenaza de castración, y en la primera se dan represiones por la diferencia de género, las instituciones simbólicas, la cultura, ahí es donde encuentro que en la mujer el peso de la represión es más fuerte, esto provoca, aun cuando no se dé en tiempo y forma a la par del varón, la instalación de un superyó, y que estás primera identificaciones que contiene  su superyó cobran mayor vigencia y fuerza junto a sus contenidos represores. Por ende, “la cultural despliega el mayor peso de la ley sobre la feminidad”[18].

Bajo el aparente desasosiego insolente, superficialidad irreverente, de la belle indiferente, subyace una moral atroz, un superyó grosero y feroz. Por eso, no hay que pasar desapercibido:

Sobre la mujer cae el peso de la culpa por el aborto, aunque el deseo sea compartido, inducido o exigido por el hombre; ella es la pecadora ante la ley divina. Por ello, nuevamente, podemos correr el riesgo de (que) ser (sean) desviadas en (su) el intento de apropiación de un espacio que permita el desarrollo de las mujeres, de las niñas y (que se pierdan) perdernos en los vericuetos de mitos encubridores sobre lo fuera de la ley, cuando es la ley misma la que debe ser interpelada, sujetada a cambio y transformación[19],

Ley no tan sólo terrenal sino divina.

Por último, las siguientes líneas he reconocerlas como especulativas, no obstante, deseo dárselas a conocer, con el compromiso de una elaboración rigurosa posterior[20].

En la consideración de un pene real, del orden de lo anatómico - biológico, se encuentra una insuficiencia sustancial que nos lleva a considerar que en la mujer no deviene la amenaza de castración, por ende, no se instala bien la prohibición y los ideales retroactivos de un superyó menos severo que en el hombre. Considero que si damos al pene estatus de falta, de constante señalador de la falta, una falta en el orden simbólico, es decir, una falta en la dimensión, no del cuerpo humano, sino en el significante primero que se instala en el sujeto, disparador de la vida psíquica, la perspectiva podría ser diferente; pues se encontrarían tanto el hombre como la mujer en la misma posición ante la angustia que provoca la posible castración, amenaza que sería una constante no en lo real biológico y auspiciada por la primacía de un pene universal, sino en lo simbólico y de un falo universal para todos, aun cuando la mujer carezca de un pene en lo real, la falta no deja de inscribirse como falta constitutiva de su propia constitución psíquica. Y esta falta del orden simbólico podría advertirse por conceptualizaciones que nos puede proporcionar  el sistema sexo género, que hace hincapié de la importancia de la fase preedípica, y de las identificaciones primeras, en que el niño/a busca completarse, fase del proceso de subjetivación que tiene tanto peso como el definitivo que se determina por el tránsito por el complejo de Edipo y de castración, perspectiva reversible, que deviene de afuera para adentro y de adentro para fuera. Y podríamos agregar que la tan necesitada angustia fundante para superar el complejo de Edipo e instalar la función del superyó, que desafortunadamente parece que a uno le permite salir y a otro entrar, puede encontrarse también en el yo como el genuino almácigo de la angustia (1923) El Yo y El Ello, Sigmund Freud, p.57.



[1] “El superyó nunca deviene tan implacable, tan impersonal, tan independiente de sus orígenes afectivos como lo exigimos en el caso del varón. Rasgos del carácter que la crítica a enrostrado desde siempre a la mujer –que muestran un sentimiento de justicia menos acendrado que en el varón, y menor inclinación a someterse a las grandes necesidades de la vida; que con mayor frecuencia se deja guiar en sus decisiones por sentimientos tiernos y hostiles- estaría ampliamente fundamentado en la modificación de la formación superyó que inferimos en las líneas anteriores” (1925, Algunas Consecuencias Psíquicas de la Diferencia anatómicas entre los Sexos,  Sigmund Freud)
[2]“Ya que el género, en tanto identidad inconsciente y/o preconsciente, se convierte en uno de los elementos centrales del sistema yo ideal, ideal del yo, superyó” (1997, La Sexualidad Femenina, Emilce Dio Bleichmar), p.36.
[3] “Nuestro cuestionamiento no implica que las diferencias anatómicas y sus consecuencias psíquicas no contribuyan a la división del hombre y la mujer en seres sexuados, sino que son referencias insuficientes si no considera que la sexualidad humana y la diferencia sexual se instituye por efecto del poder estructurante de las múltiples instituciones de lo simbólico” (1997,, La sexualidad Femenina, Emilce Dio Bleichmar) 
[4] Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. Todos los derechos reservados. ISBN 84-254-1991-3. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu. Lo que está en paréntesis en cursivas es mío.
[5] “Si lo que caracteriza al concepto de interacción es la acción recíproca y la transacción. Es decir, la interpretación que cada integrante de un vínculo hace de las intenciones, deseos, y acciones del otro (<>)” (1997, La Sexualidad Femenina, Emilce Dio Bleichmar)
[6] “Los efectos de las primeras identificaciones, las producidas a la edad más temprana, serán universales y duraderos…identificación primera, y de mayor valencia, del individuo: identificación con el padre (progenitor) de la prehistoria personal” (1923, El Yo y el Ello, Freud)

[7] “El sexo es un sistema multifactorial, en el cual el género es un componente, a veces de tanta envergadura que conduce al sujeto a torcer su dotación anatómica de nacimiento (su destino)” (1997, La Sexualidad Femenina, Emilce Dio Bleichmar)
[8] (1997) La Sexualidad Femenina, Emilce Dio Bleichmar, p 65,66.
[9] (1997) La Sexualidad Femenina, Emilce Dio Bleichmar, p.71.
[10] “Se trata de un proceso de lectura: ambos interpretan y el resultado es una transacción” (1997, La Sexualidad Femenina, Emilce Dio Bleichmar) p.47.
[11] (1923) El Yo y El Ello, Freud, p.9.
[12] “Consideramos la perspectiva que la afección del melancólico nos abre en la constitución del yo humano. Vemos, en efecto, cómo una parte del yo se sitúa enfrente de la otra y la valora críticamente, como si la tomará como objeto, puede demostrar igualmente en otras distintas circunstancias, su independencia, y nos proporciona bases suficientes para distinguirla del yo. Es ésta la instancia a la que damos corrientemente el nombre de conciencia moral. Pertenece con la censura de la consciencia y el examen de la realidad, a las grandes instituciones del yo, y puede enfermar por sí sola”.  (1915/1917) Duelo y melancolía, Sigmun Freud.
[13]Los enfermos se lamentan entonces de que todos sus pensamientos son descubiertos por los demás y observados y espiados sus actos todos. Esta queja de los enfermos está perfectamente justificada y corresponde a la verdad. En todos nosotros, y dentro de la vida normal, existe realmente tal poder, que observa, advierte y critica todas nuestras intenciones” (1919) Introducción al Narcisismo, Sigmund Freud.
[14] (1925) Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos, Freud, p276.
[15] (1924) El Sepultamiento del complejo de Edipo, Sigmund Freud.
[16] Referencia incompleta, tenía la cita en unos apuntes, sólo encontré que es de un trabajo “La feminidad”, no sé el autor.
[17] “Si el niño se identifica a la <> ¿A qué aspecto de la masculinidad del padre Freud está apuntando? No se trata de su capacidad copulatoria, ni procreativa, aquella que denomina virilidad, sino de la masculinidad inherente al ser social del padre encarnado en su singularidad” (1997) La sexualidad Femenina, Emilce Dio Bleichmar, p. 56.
[18] (1997) La Sexualidad Femenina, Emilce Dio Bleichmar, p24
[19] (1997) La Sexualidad Femenina, Emilce Dio Bleichmar, p. 24
[20] Realmente su obra, ha despertado en mi gran entusiasmo, sugerencias, pero también, trastocó mi entendimiento sobre la apreciación que había venido elaborando del psicoanálisis. Estás mismas líneas, que estoy consciente su especulación, sobrevinieron de las lecturas y el tema que afortunadamente me ha hecho conocer. 

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