El otro ejército A propósito de la perdida memoria histórica
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Recientemente en el Congreso Local de Veracruz en
sesión solemne se realizó un homenaje al Ejercito Mexicano, y se develó una
inscripción en letras de oro: “1913-2013 centenario del ejército mexicano,
honor y lealtad por México”, en dicho reconocimiento estuvieron El Secretario General
de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Zepeda. Este evento está enmarcado
en una estrategia nacional de rendir un reconocimiento social y político a la
labor del ejército mexicano en defensa de las instituciones y el estado de
derecho de nuestro país.
En estos últimos 12 años el Ejército Mexicano ha
salido de los cuarteles para cumplir una función de policía, esto tiene
lecturas que incomodan a los poderes factico, puesto que puede implicar el
desgaste y el cuestionamiento de la efectividad y viabilidad del Estado Mexicano,
o bien, reflejar la ineficacia del Estado de poder garantizar seguridad y paz a
sus ciudadanos, siendo esta función una de las principales de todo Estado Democrático.
Si bien es cierto que la labor en sí es encomiable y
necesaria ante el escenario de violencia que vivimos los mexicanos, también es
justo señalar alguna desmemoria grave que implica ese reconocimiento, por un
lado, la sociedad civil se había acostumbrado a ver que sus labores en tiempo
de paz, a lo sumo, se delimitaban al auxilio a la población civil en casos de
desastres naturales con su famoso programa “Plan DNIII”, asimismo, nos
preguntaríamos a que ejercito estamos reconociendo, porque la historia nos
habla de dos Ejércitos en la vida del México independiente, uno el que nace de
la alianza de Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero en febrero de 1821,
conocido como el ejército Trigarante, integrado por soldados de la insurgencia
y del bando realista, y el otro, el que funda Venustiano Carranza a las pocas
horas del asesinato del presidente Madero en febrero de 1913. Este último, lo
podríamos legítimamente nombrar el ejercito de las traiciones, que ha dado
origen al ejercito actual, Carranza no de todo apoya a madero y con su
asesinato vio la oportunidad de enarbolar sus propias interés de la lucha de
los liberales del siglo XIX, tratando de emular a Juárez. En cambio, el
ejército de la nueva nación mexicana tuvo que combatir primero con el primer
imperio para derrotar a Agustín de Iturbide, así también, enfrentar al Ejército
español que se había replegado en San Juan de Ulua, para una posible
reconquista del trono español, a este ejército es al que le debemos la
posibilidad de existencia del México independiente. Tuvo que hacer frente
también al ejército norteamericano en el caso de la independencia de Texas en
1836, tres años más tarde tiene que enfrentar al ejército francés en la famosa
guerra de los pasteles.
Los norteamericanos invaden el país en 1846 para
arrebatarnos la mitad del territorio nacional, culpando al Gral. Antonio López
de Santana de vender dicho territorio, en este período se recuerda la gesta de
los niños héroes del castillo de Chapultepec, para 1862, tuvo que enfrentar al
ejército de Napoleón III que fue derrotado el 5 de mayo gracias a las
estrategias militares de los generales Ignacio Zaragoza y Porfirio Díaz,
acompañados por el ejército de los Zacapoaxtlas, así también este ejercito de
soldados liberales van a dar lo mejor de su vida para combatir al Emperador
Maximiliano de Hasburgo.
Con la Victoria del 2 de abril de 1867 el ejército
nacional recupera el territorio que celosamente defendía el juarismo para
instaurar la república, es el ejército la institución que va a garantizar la
gobernabilidad de México desde 1876 cuando Porfirio Díaz asume el poder,
iniciando la dictadura en la famosa paz porfiriana.
El ejército del siglo XIX es el que hereda Madero y
lo custodia en la famosa marcha de la lealtad del 9 de febrero de 1913, mucho
se ha culpado a Madero de su ingenuidad de no reestructurar al ejército
mexicano al entregarlo al Gral. Victoriano Huerta, el mejor general que tuvo el
Porfiriato y que traicionó la confianza que le depositó el Presidente Madero al
aliarse con antiguos porfiristas y a los intereses de los Estados Unidos.
El ejército que se engendró, en un momento de caos,
perdió los ideales que lo fundaron, y sirvió a los caciques que se hicieron
dueño del país, y que lo fraccionó en cotos de poder al estilo feudal, tal cual
señores de la guerra.
Por qué olvidar la herencia y los ideales, por qué
subordinar al ejército a deberes que no le corresponden. El mejor
reconocimiento es devolver al ejército a sus cuarteles, y sus labores que le
asigna la Constitución Mexicana, y que el Estado recupere gobernabilidad y
garantice seguridad y paz a los Mexicanos. Y en honor a la memoria histórica
recuperar las dos tradiciones ideales de los ejércitos mexicanos, la del siglo
XIX y la del siglo XX, y no sus deformaciones maniqueistas.