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Mostrando entradas de enero, 2016

Lo que corre por nuestras venas

Esperaba impaciente la llegada del autobús, de vez en cuando sacaba su reloj de bolsillo, y hacia gestos de impaciencia, habían pasado diez minutos y los había vivido como si fueran diez horas. En un momento en que volvió a mirar el reloj, el deseado autobús se veía de lejos dirigiéndose hacia la parada, donde impaciente lo esperaba. Repentinamente la decepción se apoderó de toda su persona, pues el autobús pasó sin detenerse, no estaba de servicio. Por fin apareció otro autobús, y éste sí parecía estar en servicio, así que sacó unas monedas para el pago del viaje. Precisamente cuando el autobús se detuvo, y estaba a punto de subirse, oyó una voz que le hizo voltear y volver sobre sus pasos, pensó que era un antiguo amigo que le pedía no subirse y que le esperara. Como buen hombre educado que era, incapaz de no responder a un saludo, y mucho menos a un llamado de un amigo, se quedó a esperar, de mientras el autobús emprendía la marcha, y se perdía en la curva sig...